viernes, 11 de enero de 2013

Es fácil entablar una conversación



     ¿Es fácil entablar una conversación?, seguro que todo el mundo dice que sí y yo, sin pensar, también lo sostendría. En cambio admito que mi boca, aunque a veces me asombre de lo que platica, cuando llega la hora de abrirse está hueca o descargada, como si fuese una recámara: por un lado la canana o mi intrínseco mudo (espejo con los reflejos de mi Niña y mi Niño) y a lo postrero el inmenso cuadro donde cuido minuciosamente el estallido de color de mis expresiones. Asombroso, la boca vacía, lista para juntarla con tus labios y embeber, si la asaltas con tu lengua, tu delicada saliva.

     Aunque en un extremo esté el cuadro de mi Vida y mi boca esté lista pero vacía, la percibo como paleta de color y pincel. Una nube de algodón, mis cuerdas vocales, tras el añil del cielo de mi boca o en las profundidades de mi paladar, unta los colores racionales de mi mente o intensos del corazón, los mezcla con escrúpulo y los perfila intentando, sin alzar la voz, encrestar la cúspide de mi Amor. El destino prender las inagotables y entrañables estrellas de tus ojos, colmar la verde e intensa copa de dulces y tiernos frutos rezumando saliva de mi tuétano, deshacer las rocas, desleír las máculas y henchir el seno de su Mar con Corales indescriptibles.

     Sílabas que se yerguen verticales, chuponando de mi pecho aria pasión y risa para, humilde y silencioso, bogar como pececillo en las cálidas aguas de tu inmensa Vida. Trino de dulce amor para tu oído, níveo y juguetón como la brisa, que nadie huele y sólo a ti, mi Niña, te perfuma.

     Palabras huérfanas, sin camino ni sentido, sino asiesen la mano de la Madre que es mi sino. Párrafos que sueñan en ser butaca para que reposen y divaguen felices los pájaros que rondan tu sien, estrofas que anhelan ser porche para que cobijen el frágil y sesgado pecho que contiene tu corazón, rimas que desean ser búcaro repleto de florecillas para inundar tus ventanas con verdaderas maravillas… Qué deben ser mis palabras sino el temblor que esparce mi corazón, el eco que envuelve a mi preciosa Mujer, un edén para las pisadas de sus pies, verbos para que colmen el vacío de todos los solitarios huecos, reverberación cromática que sólo alumbre el sendero de sus pasos.

     Enmarcaré, mi Amor, este reflejo que emite mi pecho. Que no es sino el hermoso retrato que emana de tu boca, Amor mío. Así brillas tú, mi Vida, en mi cuerpo, en mi tiempo, en el espacio donde divago, donde ya no me hallo perdido pues persigo una luz preciosa, prodigiosa… para mi divina tal Sol que me da la vida.

miércoles, 9 de enero de 2013

Yacer en tu luz



     ¿Yacer en lo oscuro, con los parpados abatidos y caídos hacia el terrible fin de nuestro particular mundo, con las manos sumergidas en lo insomne y semiatadas en ese espacio abisal sin la más mínima brisa de cielo? ¿Qué puedo hacer? Maquinar una obra enorme, descubrir el techo añil que surge del péndulo de ambos corazones, desgranar los abalorios de todas las coronas, recolectarlos sólo para ti y dejar resplandeciente y áurica la diadema que merece mi endiosada Reina; de bronce resplandeciente para la ungida, sacra y fina sien, para mi Bellísima Niña.

     Ayer rocé ambas mejillas y nuevamente sentía crujir el hielo de la cima, desde donde surge el alba de mi pecho, mana suavemente y trasluce en espejo taumatúrgico la faz y las manos que me llevan al mágico y apacible Mar de mi vida. El chasquido salía de ti, chispas de amor sedoso que como ondas tremolantes estremecen todo mi cuerpo. Lívida quedaba mi piel en comparación al rosado matiz que tomaban mis pómulos.

     La sangre a borbotones se agolpaba y saltaba, como pez en estanque, entre los capilares de mi mejilla. Sentía tu electrizante cosquilleo, el destello cegador y sólido que derrite mi génesis dormida. Sólo tú, Amor mío, tu piel, el cuerpo bajo tu blusa, el firmamento de tus ojos e incluso el fulgor al que saben tus besos; sólo tú, AMOR MÍO, sólo tú brillas así.

     Remolinos de cascabeles colman mi espacio y quedo o vivo atónito con este nacer matinal. Ya no hay ocaso en mi Tierra y el cielo que a su antojo era añil, plomizo o fantasmagórico. Ahora, la fisura tras tu dulce boca, lo revela lucido, nido de mis latidos, cántico para mis oídos o lluvia de lágrimas que mana sin cesar. Comprendes la vasta herida que ocasionas a mi corazón, tú, mi bello ramo de Amapolas, habitas y duermes en él, volando como golondrina y dispersando en arcoíris la luz que cubre mi toda mi vida.

Muñeca de Trapo



     Sé cuando en mí empezó a crecer, cuando derramó su vida frente a mis ojos y así, diseminando su magnífica belleza, mi mundo comenzó a florecer. Sé, con certeza, cuando impregnó mi piel con sus sueños, cuando me arrimó su tierna sonrisa y, con la promesa de sus labios, cuando selló su hado con mi albedrío. 

     Sólo en ella quiero entretejer mis recuerdos, ansioso pretendo transgredir en sus ojos mi corazón desbocado. Mas ella, depositada ahí en su baúl, deshilacha su cuerpo, su sesgado pecho y su alma, su corazón sin suficientes átomos de aire late con ahogo; oprimiré tu caja torácica con minuciosos versos para que nunca cese tu latido.

     Si desde aquí tengo que mover dunas así lo haré, exhalando hasta el último hálito de mis sentimientos, poblaré tu mente con un sinfín de oasis, requiebros que conformen en tu desierto mil y una noches de ensueño. Tenderé un viaducto que vincule nuestras sonrisas, que junte los colores de las pupilas y que diluya el aroma de nuestra piel; no habrá signos de abismos ni siquiera en la lágrima más pequeña. 

     La dulce y cálida linfa de tu cuerpo despereza e hincha mi seco odre. Como planeta único repleto de maravillosa vida encarnas locura sobre mis huesos. Seré cometa orbitando siempre alrededor de tu espíritu, extenderé mi estela para que se abrace perenne a tu mundo, hasta desmenuzarme en reluciente anillo. 

     Amarrada a mi pecho convulsionaré tu corazón, hurtando hasta el último aliento de mis células para nutrir de gozo tu tersa piel, tu sensual sonrisa y ancestral penetraré en tu alma, para sembrar a diario infinitas flores de hermosos colores. 

     Aquí estoy, con los ojos cerrados, recorriendo libre el mágico laberinto de tu mente, sin leyes ni señales que coagulen mi fluir. Sí, con gesto cálido, bogando y disfrutando de tu pulida entraña, sin pasos de cebra ni semáforos, sino con amplias dehesas, níveos oteros e infinitos piélagos. 

     Aquí reverberando, sin agudizar el oído, el mágico sonido que me impele tu corazón. Un susurro de hojas aciculadas, el bramar de abrazos oceánicos y la orquesta de millares piares. Me estimulas con tanta felicidad que el llanto abisal que nace en mis ojos, cae adherido por mis huesos y hace trepidar mi carne con escalofrío de puro Amor. Tu lo suscitas Mujer mía.

     Y en sueños, aureola que fecunda mis noches, luz apacible y familiar que desvanece mis sobras. La turbidez de la pesadilla se difuminó por siempre. Ahora, a todas horas, abarloa en mí fragancia, entrañable calor, perfilado contorno, celestial voz y delicada caricia de Mujer sublime.

     Suspiro sin respirar, sollozo sin derramar lágrima y hablo incesantemente con mis yemas sin llegar a articular palabra por mi boca. Necesito que me envuelvan en las cortinas de tus sentimientos, sumergir mi faz en tu corta melena e inhalar, mi Niña, cada atisbo de sentimiento que emerja de tus neuronas.

     Me aferro ante la vitrina de esta pantalla bordando palabras para hacerte feliz. Ya no sé si los relojes miden el tiempo, pues el péndulo de mis días son las palabras que siembro en tu vida; tantos abalorios compartimos que las raíces que enmarañan nuestras almas son irrompibles, inverosímiles y maravillosas.

viernes, 4 de enero de 2013

Despertar como una losa



     La próxima noche, que te acuestes en la habitación que da a la terraza, yo voy a despertar como una losa. Así ha de ser, la escarcha del alba echará raíces, aposentará mis párpados, mis fosas nasales, sesgará mis labios, como un muerdo de cristales rotos, e incluso cuarteará mi pleura como cuero de odre seco. Cuando me levante para ir al servicio, también cruzaré la terraza aunque no esté en mi camino y así el frío níveo aterciopelará mi piel y además, Vida mía, iré descalzo para amoratar mis pies hasta que llegue el amanecer.

     En sueños te mantengo entre los tremolantes palios de luz y a diario en invierno, como pájaro en busca de su alimento, vuelo a la puerta de tu trabajo. Si tú, Amor mío, duermes en navidad como seroja otoñal que se enfría y se consume húmeda bajo la colcha del suelo, yo, Princesa mía, voluntarioso y enamorado, seré zapato cristalino que se escarche al vestir tus pies y se funda besándolos en silencio, abrazándolos como hielo diamantino.

     Cada frase tuya es ascua de carbón que dentro de mi sien se libera en silencio, abatiendo sombras e iluminando cada rincón de mi oscuro pecho. Queda aquí, sí, en mí, tu cuerpo estanque, la salada fuente de mi Vida, tu indeleble huella dactilar sobre mi marmoleo hielo. Abnegado mi corazón, se doblega con cada chasquido que llega por viento, cuchillos afilados de labios rosados y carnosos, se blanden enérgicamente por tu gutural campanilla. Una puñalada de Cupido, de vidriosos y maquillados ojos castaños que fulguran intensamente sobre rostro de Sol. ¡Oh! Me pierdo en la maleza del correo, en el bramar del teléfono o en la paz de asir tu mano; un itinerario muy claro, herido al sentir tu flecha me abandono apresurado al laberinto de tu Vida. Bien lo sabes mi Niña, que tan enamorado estoy de ti que ya no tengo otra salida.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Un Espejo



     Buscando un espejo para hallar a mi Princesa; tiene que ser único, que no sólo refleje su imagen, que no sirva sólo para vislumbrar lo hermosa que es su cara, su pelo corto castaño, su abierta mirada; quiero que exprese más, que ahonde en lo maravillosa que Ella es.

     Ni quiero ni puedo tomarme un respiro, quiero aislar su imagen en un lugar apartado, libre de ruidos, allá donde todo es mágico, donde surgen los brotes más tiernos, donde el agua nace más que cristalina, donde el cielo es de azul índigo y el suelo níveo y mágico.

     Ahí trataré de recordar los espejos que leí en mi infancia, esos cuentos que durante horas me hechizaron. Donde yo preguntaba a alguien que ahí residía, a un personaje de voz grave, muy sabio, algunos con alas y otros flotaban sin apenas hacer esfuerzo y todos eran sinceros, serios, misteriosos y místicos; yo los sentía, los veía y los miraba, como cuando me quedo atónito, ante la ventana que me separa del frío, con las gotas de lluvia que por ella resbalaban.

     Sentarme frente él, como un adolescente que busca su sino, que se afana por soñar un sueño magnífico, por flotar en un estado de laxitud similar a estar dormido, donde mis pupilas reflejen tu belleza canela, vestida de negro y con pañuelo violáceo. Sin decir palabra alguna pues, nuestros corazones tan juntos, tan sólo asiendo las manos o cruzando la mirada, transmiten el sosiego y la serenidad del cariño.

     Quizás ya sea mayor para esta fantasía de niño, pero yo quiero ir más allá, necesito para ti, mi Niña, hallar algo especial. Así que agudizaré mirada curiosa y brillante e indagaré hasta asombrarme con la magnificencia de incluso lo más minúsculo. Sentir que estoy vivo para ti, hallar espejos en cualquier tramo de la calle, en las esquinas, en los escaparates, bajo la luz de las lámparas de mi casa o a través de la ventana.

     Feliz en esta aventura que cada día se me alza desconocida, por dudar, Amor mío, si me quieres y así volverte a enamorar. Cada paso que dé tiene que generar en mi sien un eco entrañable que haga crujir tu corazón. Convertir el espacio de mi pecho en una fábula para los dos, un patio de tierra, con cerezos y limoneros, con jazmín fragante que deshoje pétalos blancos, que deslumbre con irisentes tonos infantiles, donde me olvide, Amor mío, que ya no busco nada más.

     Francamente, mi Vida, tu eres mi espejo de ensueño, sí, el hermoso espejo que veo en toda dirección. Sonrío, Espejito mágico mío, entre trino de pájaros o, quizás sean cascabeles en mi alma; he hallado la felicidad, lo que en vida ansiaba, un tesoro de Mujer, mi gran Amor.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Hasta dentro de un ratito mi Amor



     Ya estamos preparados, ahora a comer con mis hermanos y después, tras despedirnos, partiremos tranquilamente hacia la sierra. Llevo de todo, ropa de abrigo, comida o, más bien un bodegón, la cámara de fotos, una libreta para José y otra para mí… y ganas de estar a tu lado.

     Te imaginas, en esa planicie blanca, en donde nada fermenta por la ausencia total de calor; una marisma nívea, ausente de todo olor acre, sólo el silencio y el denso frescor. Sellar una carta ahí, donde nadie osa escribir, en ese cenador cristalino brindar contigo y en éxtasis de amor despedir el año, entre rayos cegadores que sobre la nieve caligrafían centellas de cuanto te quiero…

     Petrificaré mi mano, no por el frío, sino por perfilar tu nombre: mi Amapola. Me cegaré, no por los huecos de luz que atraviesan ese cúmulo que como sombrero que apoya sobre la cima, sino por el asombroso destello que surge del crepúsculo de tus ojos, esa lava puntual que emerge de tu corazón y es mía, sólo mía.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Una Voz dorada


     Una voz dorada, una mano doncella (con un pulgar obesito que, para acabar sanito, necesita mis besitos) y una pradera que es sino el cuerpo impecable de mi Mujer. Lo recalco con estas palabras, mi obsesión vivir para nuestros sueños, para conservarlos y hacerlos realidad. Quiero atenderlos a todos, tal como lo mereces y en la medida que me sea posible.

     Es por ello, Amor mío, por lo que poseo este mareo y no es nada de cervicales, ni agotamiento, ni siquiera flacidez, sino es la insaciable pasión que me infunde tu descomunal entrega. Tan cargado estoy de cariño que la ilusión me lleva a flotar como telaraña deshilachada y, cuando duermo, a volar como rapaz nocturna que se alza a la búsqueda de tu espejismo y, cuando te hallo, me hundo cónico, sin vértigo, a acolcharme entre tus mimos.

     Pleno me conduces, me agudizas los sentidos y me llenas la vida, tupiéndola de querencia. Como gavilla, atas bajo mi piel manojos de amor, el que impele tu formidable Corazón, junto a haces de arte, el que ahora nítido tú despliegas ante mis ojos. Es una colección digna y divina que coloco con celo en sobre los anaqueles de mi pecho. Lo que percibo de ti, mi Niña, mágico, titánico, me hiendes como bala, me envuelve ingrávido y todo lo absorbo como esponja. Después lo atravieso en el cráneo, lo miro y lo remiro, lo pienso y, con la suavidad que mereces, te lo devuelvo escrito.

     Hoy he ido a donar sangre, pues busco debilidad para aún flotar más. Te necesito tanto que quiero divagar contigo, Princesa, perderme por los montes o por las riberas, y allá tomar flores que sean merecedoras de tu donaire o alevillas que con primor coloque sobre tu mejilla. Invadiré el firmamento, beberé de fuentes y alcanzaré el confín ostensible y todo por buscar lo exuberante, el brote que es verso, la crisálida que adolece prosa nostálgica…

     Mañana voy a comer con mis hermanos en el restaurante de la montaña. Después, cuando marchen, quiero ir a la Sierra de Gredos, a Hoyos del Espino, a pasear con los crampones y los bastones por el otero esmeralda. No sé si llegaré a las ladera de mi Galana, mas Amada mía ante tus esmaltados pies estaré.