jueves, 27 de diciembre de 2012

Qué tal estás Amor mío


     Qué tal estás Amor mío, ¿bien?. Te han sacado a bailar tus hijas, has cantado… has dormido, has soñado. Yo en mi extensión de humilde vela, he surcado una y otra vez tu tersa piel, con la ayuda de tus alisios, vientos de ensueño que me envuelven durante todo el día, he recorrido cada arrecife de tu cuerpo. La inmanente brújula de mi pecho sólo me orientaba hacia los hermosos corales que cobijas en tu corazón. Las olas embravecidas de mi boca rompían mis carnosos belfos y deseaban con ansiedad explayarse en el remanso de tu cielo, acariciar el dique de tu lengua.

     Sí, me es tarea fácil coger el astrolabio y, con el horizonte de tus labios y los ostros de tus ojos, saber la salvaje inclinación de mi corazón. Este humilde bajel, en su carta de navegación, sólo trascribe a una Rosa Perfecta de cuatro vientos y en su diario de a bordo, día y noche, se dilata y revela cuan enamorado está; soy loco marinero que se asombra con los inagotables tesoros que halla en cada poro de tu glorioso cuerpo.

     Náufrago, mi Vida, naufrago por un huracán que brama desde lo profundo de bellísima Mujer hasta lo más hondo de mi ser. Me estremezco hasta en las yemas de mis dedos, pues la carta que siempre te escribo la percibo como carta astral que cifra un hado contigo. Sabes que repaso cada párrafo, que corrijo el rumbo hasta que ubico mi voz, tu lectura, en lago de nenúfares, que en el centro de esa laguna ancla un lirio, que se sumerge, que se ahoga cantado, se distiende y se diluye en agua de azúcar, de sal, de limón y de ambrosía. Sí, mi Amor, mi destino es desleírme en el temblor de tu vientre, por el halo profundo de tus luceros, entre la niebla que exhala el volcán de tu pecho, en caricias sobre tus tersas piernas…, sí desleírme como mariposa sobre tu sedosa mejilla, con miedo libando levemente tu sombríos párpados, hundirme en tu corto cabello, vaporizarme sobre tu candente espalda y morir en el maremoto de tu boca, al morder la dulce pulpa de tus labios.

     Me duele no intercambiar saliva, no impregnarme a diario con tu mirada. Me desquicia no asir tu mano, no seguir el caminar de tus talones, no retirar tus zapatos y masajear con mis labios tus pies cansados. Me duele no escurrir mi boca en tus muslos, en el final de tus piernas, no poder nadar todos los días sobre la bahía de tu cuerpo, entre tus enajenantes senos, degustarlos así de naturales… Sabes, no es secreto, que los persigo en sueño y este mi imprime sollozo de amor, loco por ti, mi Niña.

     Quizás, si acerco lentamente mis labios a tu lóbulo, evites el escalofrío y sientas mi respiración, escuches tu caracola en tu oído, gemido reflejo y húmedo de tu Mar. Mi Amor, sí es tu Mar en mi pecho, tu Marea en mi corazón, tus Aguas son las que conmueven la gruta de mi ser… Estremeces cada poro de mi insurrecta piel tan sólo con un ligero pensar en ti….

     Esperaré, mi Vida, esperaré semanas, meses o eternidad, esperaré el indicio de rama de olivo, de mensajera paloma que me indique hacia donde tengo que remar, en donde emerge tu desnuda piel. Y ulularé, como jamás lo ha hecho una caracola; sextante llévame hacia lo profundo de esas pestañas, hacia las ventanas de esa naricilla, bajo esas arqueadas y finas cejas.

     Si hace falta romperé el mástil de mi existencia con vientos huracanados, que me desligue de mi cuerpo y alcance en sueños a la Estrella que me mantiene con vida, mi guapísima Casiopea.

martes, 18 de diciembre de 2012

Deshojar


     No debes tirarte hasta altas horas de la noche deshojando la pila de papeles, de noche tienes que desengranar el frenético ritmo, desenchufar el combate que hacina pasto desordenado hasta el techo de tu cabecita. Además, ten en cuenta que una simple chispa puede prender tan hermosos templo.

     Así que, por favor, migra temprano a mis brazos, abre las cancelas y evádete en vuelo de los muros donde se hacinan los carros de quehaceres. No quiero que tengas pesados sueños que te debiliten mientras duermes, debes de cerrar los postigos de tus ventanas y disfrutar tras tus sedosas cortinas de tu lechoso lar. Tan sólo que, por las grietas o hendiduras de tus párpados, penetren haces de luminoso cielo azul e hilos de aire fresco de cimas blancas.

     Enrédate como trepadora en mis recios brazos, holgándote como gaviota de los altos vuelos, sesgando el cielo y punzando las nubes…; Mujer mía, de carita pulida, sueña ordenada y abierta con manadas de ovejas aborregadas por el cielo, con los flancos de tus alas que tremolan libres por el firmamento.

     ¡Oh!, Amor mío, de noche ven, viaja con tu corazón a mi pecho, a esta cigüeña negra que se mordisquea las uñas ansiando solazarse en el lecho de tu cielo…

sábado, 1 de diciembre de 2012

Sé




     Sé, y además lo tengo por muy seguro, que por ti soy ¡el hombre más feliz del mundo!. Hoy de nuevo tomaré la senda hacia Aliseda, pero ahora es muy distinto, pues empiezo aquí, no como obligado quehacer sino porque ¡el amor me inunda! y me colma de armonía. Y es que, mi Niña, cuando estoy sin ti, o yazco sin escribir, o sin hablar por teléfonos el caos, que se apodera de mí, enturbia mi corazón y arrampla contra mis uñas.

     Lo he de escribir así pues, hasta conseguir tu sonrisa o escalofriar tu piel, me agrada pungir tu estado de ánimo, tu hermoso corazón. Y pensar que antes este cofre de huesos que tengo por pecho era pequeño y contenía sólo naderías y ahora asilo inimaginable locura de incalculable valía, pues empapado de amor amparo la felicidad de quien maneja mi vida.

     No pudo caer nunca, esta quilla debe enarbolar siempre la loma de tu Mar, Amada mía. Hendiré tus olas y me sumergiré en tus sentimientos, hasta oxidar la férrea sangre que corre por mis venas y así descomponerla en tinta para tatuar tu corazón de cariño imborrable. Sí, a diario machacaré mis herrumbrosas arras hasta conseguir tinta roja de sedosa textura, después untaré mis flechas de Cupido, la lanzaré al vuelo y certera las clavaré en tu pecho; caligrafiaré en tu cuerpo los sentimientos que emanan de mis entrañas. Lava roja de fuego que, sin quemar, anega mis venas, cálida brea que sólo tiene el fin de curtir la leña caoba de mi bellísima Colmena.

     Mi Amor, haz un esfuerzo y trepa mañana por mi cuerpo, estimula mi boca y ahoga mi garganta; funde este temblor de frío que ahora se obstina en detener mis manos…. Tengo la premonición de si continúo como araña tejiendo telar para Reina, mañana el insolente Sol rubio hará sombra a los dos juntos paseando por las otoñales riberas del Salor. Tu tacto, tu mida, el pulso de tus sentimientos y el aroma húmedo que satura el aire, el áurico color que tapiza el campo y el graznido melódico que se disuelve al azar por el entorno; quieres mi Amor, quieres que paseemos juntos y así de tus labios pruebo el riquísimo….

Hola mi Amor



     Hola mi Amor, aquí estoy extrayéndome todo el aroma que puedo, cuajando de sí cremosa ternura, clamaré gemido escrito hasta haberme herido el corazón de requesón curado.


     Como fiera me regocijo por pacer en tersa majada caoba, por adolecer las especias de sendos oteros del pecho, por empapar mis yemas en el cauce cristalino de insondables bellezas, casi azabaches, y por saciar mi sed mordiendo las riberas de tu boca. ¡Oh!, mi pastora como desearía plantar mi mano sobre tu cuerpo amado, de segar la mies esmaltada que cubre tu hermoso cuerpo.

     Derramaré la dulce miel de pistilo de lirio, hasta la última gota, para engalanar la corola de mi Amapola. Deseo ebriarme de pasión de por vida hasta morir mensajero diciéndote, Amada mía, cuanto te quiero.

martes, 20 de noviembre de 2012

Felicidades mi Niña


     He de tener un corazón inteligente y asumir con integridad los errores que cometo así que, si se me cae una piedra, no he de esconder la mano. Puedo asumir que me perdonas pues de mi boca brotan palabras al azar, igual a las plantas que crecen de forma inesperada. Seré, Amor mío, más comedido, hortelano que escudriñe cada ápice que eclosiona en forma de voz, procurando hacer un vergel con la mies que disemine al aire.


     Una equivocación en lo impreso es más miserable e imperdonable; si tropezara de madrugada, en plenas facultades, me vería impotente, mate, y tendría que pedir ayuda para levantar. Me abrumaría mezquino, cabizbajo día tras día, dejando que el sarro carcomiera mi columna…, jamás me podría mirar al espejo y el dolo me mataría.

     Contigo, mi Niña, debo ser sumamente honrado, increíblemente grato e invertir cada segundo de mi vida en lograr un único deseo: ser tu maravilloso Amor. Así que no puedo escoger metáforas que generen híbridos simples ni textos deslucidos, sino he de elegir semillas puras o, si acaso, mixtura reestudiada de índole artística que se alcen como cíclopes y te abracen frondosos y frescos. Un cántico loco, mágico, incluso a nivel cuántico, que hechice cada rincón de tu corazón hasta el punto de pulirlo en vivo, desentrañar cada mácula que lo desluce y tallar la gema en bruto que eres, sacar el inconmensurable diamante que amparas en tu pecho.

     Mi Niña, cuando leo tu texto me ciego en haces de esmeralda, me ahogo en fuente de aguas de Juvencia; cuando suena el teléfono me descorchas el alma como achampanado volcán de oro, plata y platino y corro hacia ti, Vida mía; y cuando te escucho o estoy a tu lado, me descubres el significado de la luz de Galilea y a tropeles surgen mis emociones, geiseres de palabras de un corazón indómito que loa a bellísima Mujer, allá donde esté me postro a ti, mi Meca de Amor; y si me besas, mi Niña, sueño despierto y me torno universo de leyes propias, evadiendo todos los confines de lo conocido, tu Luz que penetra en mi vida y transforma todo lo relativo a realidad a belleza inadmisible.

lunes, 19 de noviembre de 2012

A dormir


     Bueno, voy a seguir aserrando espinos para hacer picón y a la noche, en el sillón, sobre mis piernas y cubierta hasta el cuello, mecernos abrazados y calentitos. Además, del cobre de ajo que cuelga del dintel de la chimenea, cogeré dos cabezas hermosas para asarla a fuego lento en el brasero y con un chusco de pan tostado cenaremos templando las manos.

     De postre, mi Vida, desgranaré en un cuenco de barro los rubíes rojos de una granada madura, bañados con un vasito de vino tinto y nevado con el azúcar una cucharada sopera. No asgas, Amor, la cuchara, deja que yo tome con la punta dulce caldo y diamantino grano y sonriente humedezca tus labios de acaramelado zumo. Mi Niña, deja que la semilla rubí se embeba del jugo de tu saliva y reviértemelo en apasionados besos que pincelen de caramelo mis labios y mi vida.

     No temas, mi Amor, que yo pelaré los dientes para no quemar tus dedos y desganaré las dulces gemas para no ennegrecer tus yemas. Y después de cenar limpiaré la mesa, las cáscaras de los dientes de ajo, de la granada y las migas de pan; mientras tú, bellísimo Amor mío, terminas las cosas de los niños.

      Y entrada la noche, cuando tus pómulos canela se enrojezcan por el purpúreo vino, te llevaré a la cama ebrio de felicidad, te descalzaré con mimo, desvestiré la prenda que me permitas y haciendo el amor penetraremos juntos en los sueños que a diario hemos de llevar a cabo.

No he de perder segundo, no quiero obviar ademán alguno ni olvidar el más mínimo pensamiento que dicta mi corazón.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Hola mi vida




     ¡Hola mi Vida!, estoy aquí contigo, tras el escaparate del despacho, envidiando la exposición de limpísima tarde que resta después de la lluvia. ¡Síííííííí¡, Mi Vida, aquí, bajo las yemas de mis dedos, me incitas audaz a recoger la esencia del día o quizás me invitas a deambular por la feria particular que tú inauguraste tras mi sien. ¡Oooh! sí, y todo escanciado en hojas de emociones que alcanzarían a empapelar el mundo.


     Secándome los ojos tras voltear el rostro y perseverar sin pestañear por hallarte acá adentro, donde me aguardas y te guardo; arrugándome las manos por recoger haces húmedos de hojarascas de otoño que dan de respirar al suelo y lo enternecen como lecho, que alientan el sueño y lo desvanecen en el pecho; aguantándome el deseo de abocar desmesuradas serojas de amor sobre tu cuerpo, no quiero raudales ascuas doradas que agrien la sangre sino luces otoñales que fermenten un humus bajo tu piel y broten como retoños perennes de Vida; marchitándome como luna albina que se desvencija por desvestir el tul de luz de mi amada Tierra, la marea azul que arropa su piel canela, deja que lentamente retire el frío manto oceánico y me ampare junto a tu cálido cuerpo. Me es absolutamente necesario el baño entre los pétalos naturales de tu pelo, una sumersión perfumada entre rizos castaños que son de fuego.

     Ya llega la noche y se duerme la vida tras el escaparate de mi ventana, mas yo sigo aquí adentro, a tu lado, caligrafiando vuelo que tiembla sobre hojas de pétalos rosas. Ahora mi alma sencilla es nube que se viste ala de lana, que se zambulle en la oscuridad de la noche, que corre sobre las copas de los árboles y se hilvana como gota pura de rocío en el remanso de hojas para mi Amada. Presto atención al plácido canto que vibra en mi interior, a gorjeo de alondra y, si agudizo el sueño, inhalo el susurro del árbol, de la hojarasca seca que quiebra, de la hierba que se agita inconsciente apoyada entre los brazos del céfiro. Respiro sumergido entre el heno húmedo que deja la lluvia al empapar el suelo, entre el vaho que anubla mis gafas, entre los canalones que caen tras la ventana y ahí se trasluce mi bellísima Vida de fragantes pétalos rojos, de profunda mirada de pájaro, que sesga con prudencia mi pecho para rebosar mi corazón con tropeles de amor.