Hoy, Amor mío, no seré murciélago en la noche, porque ni siquiera soy capaz de alzar ligera palabra. Mas, aun así, no me quedo sin hilvanar un rayo hialino de dulce saliva entre nuestros labios. Sin dar, antes de dormir, un profundo empellón de amor a tu mejilla. Un envite poético, un último impulso para saciar mi sed con el agua que me da tu boca. Sí, antes de retirarme, seré el pequeño roedor de los pétalos de mi Amapola, hasta que quedes profundamente dormida….
Bebo la saliva de tus labios, la miel de tus hontanares. Locura que me lleva a libar con exasperación el sedoso estigma de mi flor. Pletórico, exprimo todo mi verso de amor y derrito hasta la última lágrima de tinta. Es manuscrito pulso en una botella que naufraga en piélagos de ensueño. Delicada palpitación de estambre que fecunda el inmarchitable pistilo de mi Amapola.
jueves, 30 de enero de 2014
miércoles, 29 de enero de 2014
Aguardando un correo
Ayer noche, de camino a casa y bajo el tenue cintilar del cielo, se me prendió el pecho con el alivio de tu vida, tu mensaje. De pronto la negra penumbra se suavizó en blancura pues brilló tanto el texto, tu sentimiento, que iluminó toda la bóveda del firmamento.
Iba con prisas agazapado en mi ridícula existencia y de súbito, como si esa luz inundase mi entraña, me sentí intenso, advirtiendo el titilar eterno de tu corazón en mi pecho.
Experimente el calor del amor, de dos cuerpos frente a frente, uno de ola de Mar revuela y plateada y el otro de sencilla orilla de arena eterna, y el lecho fue la noche que se desnudó en océano de sudor…. Sí, dos cuerpos frente a frente, uno de Piedra pulida, perfecta, y otro de desértico de arena y de pequeño oasis, tan pequeño como vaso para que coja sólo tu corazón, ahí la sumergí desnuda, en la linfa cálida y sincera que llena mis venas, para que siempre verde tremole en dicha….
Así, como relámpagos en la noche hendimos la carretera, dos astros que haciendo filigranas chasqueaban y se perdían por el cielo vacío. Acumulando anhelos se alzaban hasta las nubes y, de nuevo como ríos de luz, descendían llenos de alegría hasta acariciar la hierba húmeda. Dos astros frágiles, uno intenso como rubí y otro añil y servil,… livianos, que suspiran por fugaces roces, por breves encuentros, por cintilar lindos con sencillos besos de amor.
martes, 28 de enero de 2014
Umbral
Desde los umbrales de nuestra despejada pasión me sumergí en la vorágine de tu boca. Me tentaba la miel, la carnosa fruta y mágicamente, sediento de tortura, al libar y morder tan quemante hidromiel, remé extraviado, tanteando esa resguardada dársena donde ahora anclar mi corazón.
Esta íntima melodía, esta romántica voz que se adueña de los sendero de mi vida es tan evidente que preside todo mi cuerpo y mi espíritu. Patente lluvia que, con una sola atención, desborda torrente de amor por mis venas y ante mis ojos, entre el vaho cuajado del día a día, entre esa niebla una Venus de amanecer perfecta.
Es un sentido desconocido que suscita tanto lágrimas de hilaridad como hondo dolor en mi seno. Y ahora en este silencio, con esta mordaza de la distancia, se evapora toda agua de la Mar creando un bajorrelieve cristalino, blanco, de Sal, mía, que a diario me atrevo a volar…. Saberme tuyo, mi Amor, me hace tan frágil y pequeño que mi corazón, a ritmo desmesurado, se propaga a dimensional, sin prisión, buscando un lugar en tu pecho.
domingo, 26 de enero de 2014
Que habilidad
Que habilidad, que estilo más fino, con ese donaire de esbelta espiga siembras lozanas semillas en mi mejilla. Sí, con esa tilde roja entre ópalos de miel, con ese diminuto cherry que acentuar la irresistible naricilla donde florecen los élitros carmesíes que se desbordan alrededor de las orillas de sus magnéticos ojos, me abres el ceñido cerco de mi pecho y me llevas a emprender eterno revuelo de abeja alrededor de una sola flor roja, de ensueño.
Fiel, plena e íntegra, así te precipitas siempre, repentinamente por todo el espacio, una brisa matinal que se dilata y se confunde con el viento. Son los impulsos de tus coralinos labios los que arriban serenos tras mi sien y anegan de maravillas mis días.
No es una simple y caprichosa proyección la que rapta de vez en cuando mi atención, sino son miles de aromáticas gavillas y cada una repleta de incontables espigas, hilos estivales de oro. O sea, es un sinfín de delicados gestos, un mar revuelto de latidos, un universo infinito, único y escondido que atesora una sola Estrella, la más bella, y que dispersa tanta tan electromagnética pasión que me da pavor de que un día, durante este desafío de la vida, se consuma en un último estertor dando todo su amor y quedando enana, oscura y fría. Tú, mi Amor, ciegas con más intensidad que la luz del Sol.
¿Es sencillo amar?, ¿acaso es fácil colmar el pecho con inalterables pleamares de arrobamientos e inundar el corazón con los suaves y dulces pétalos de los besos o, simplemente, disfrutar de esos trinos de pajarillos, de la polifonía de los susurros?. Advierto que la gente sistematiza enseguida sus latidos, llegando incluso a oscurecer la intensidad de su vela y, ahítos de sí, de su ego, vuela enseguida a averiguar otras distracciones, a saciarse con otros recreos e incluso a husmear entre los tactos de otros rasos engañosos. Incluso los sacerdotes lo ratifican con palabras, tratando los asuntos del corazón como si fuesen vulgares compromisos.
Mas tu cariñoso canto reverbera en mi mente desafiando toda lógica, rivalizando contra la mismísima percepción de la realidad. Aun sean discretos estímulos, uno tras otro se propagan a raudales, como las olas de una Mar agreste, arrastrándome hacia un único rumbo, hacia el piélago de tu pecho, a ese horizonte siempre alboreado. Lugar donde estallo en deseos y en pasiones, es por el sentir tus caricias, al oír tu risa fresca, al querer, al desear locamente, tu alma. Es por todo ello, por lo que me veo incapaz de exonerar la querencia que meritas sobre un simple papel y tendré que dar una lluvia torrencial de palabras, un cauce serpentino de desesperadas declaraciones que horaden, por segunda vez, la cicatriz que sutura tu pecho. Así, mi Niña, desesperadamente lo deseo, ceñirme con apego a los latidos una Amapola abierta….
viernes, 24 de enero de 2014
Una llamada
Que inclemente es el teléfono cuando no tintinea. Por qué no un poquito de tiempo, sólo una pizca de dulce y placida compañía. Yo, rápidamente, atendería su resonar, pulsaría sin dilación la tecla correspondiente y me detendría completamente, en suspenso, al sentir como tu cándida voz se precipita hacia mis adentros.
Por qué no un poquito del día, tan sólo un diminuto lapso, la menudencia de unos minutos. Yo, tan pronto ciñera mi oído al auricular del teléfono, dejaría de estar ahí y me alzaría raudo y ligero, como paloma mensajera, a llevar a través del cielo toda la pasión que restalla en mi mente.
De improvisto, al sentir tu blanca y rosada voz, tu lindo “Sí”, me infiltraría inocente, metiendo todo mi pecho, todo mi corazón loco, lubricado por el consuelo, por la reducida abertura de ese auricular.
Me pregunto, qué más da que me desmaterialice en el aire, si al fin y al cabo me personificaré hialino tras tu cristalino. Qué importa que este extraño latir se detenga o quizás no, quizás sólo se disuelva e instantáneamente se recomponga como un arroyo de amor que se descuelga por tus cuerdas, anegando mi arrolladora alma las riberas de tus ser. Y contracorriente, tu ola peregrina, lanzada desde añil Mujer, me daría alegría y la mismísima vida, me entreabriría una melodía fina, liviana, de querubines, que me entusiasmaría el corazón colmándolo de adorable amor.
Por qué no un poquito de éxtasis, de ventura, de dicha, sólo un atisbo de celestial sonrisa, saber que está ahí Mujer, soltando risueña sonrisa hacia el fondo de mi vida.
jueves, 23 de enero de 2014
Llevarte siempre consigo
No, mi Amor, no puede ser que el cielo se abra en lágrimas negras, pues no hay ni siquiera exiguo segundo que no esté íntimamente ligado a ti. Incluso en esas noches limpias que el firmamento nos seduce insondable, sin Luna, y se asemeja a angustia inconsolable de miles estrellas; yo no estoy ausente, sino estoy perfectamente acoplado a cada una de ellas, como si fuese copo de plata que se asperge desde la Tierra y se siembra rutilante velando desde todos los rincones el lecho donde Tú, Amor mío, descansas.
Grumos albos y ligeros, vaho de agua aromática y fresca que aspira a hidratar la piel del hermoso cuerpo que amo, o sino a abrigarlo como prenda íntima o simplemente a acariciarlo como sedoso forro de abrigo. Ser una niebla fina, de ensueño, un soplo que inhalas a cada momento y se deshace desnudo al pie de tu vera; siempre a tu lado, por donde caminas.
No, mi Amor, no hay ausencia alguna, pues esta carrera de mi corazón es constante, es labor infatigable de esparcir sementera de incontables florecillas, es tender un tapiz fino, de cenizas, del amor que calcina mi corazón. Es en definitiva, Amor mío, no perderme, o sea, asir tu mano, estar siempre contigo.
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