miércoles, 31 de julio de 2013

Manto de luz


    Por qué no puedo plegar el Universo entre las hojas de un pasaje. Tan vasto es, que al penetra en él, tan sólo abarco una ínfima paramera primaveral.

    

     Con enorme ilusión y desmedida asechanza sudo labrando ese pequeño y frondoso barbecho de espigas áuricas e irisentes flores. A diario lo afronto sobrio y alegre, así lo hago a todas horas y, viéndome siempre dentro, advierto que se me seca el llanto e incluso la sangre que me brota a raudales; es por tan inmenso manto de luz que irradia intenso por todo ese Espacio.

     Quisiera ser lluviosamente fresco y cristalino, para evitar que la hierba plantada quiebre bajo el insoportable bochorno estival o se agoste oscura durante el acíbar otoñal. Aun sea pequeño candil, prendido y perdido en la entrada de ese Cosmos, hilvanaré bolinas de plata y oro, remataré rabiosos collares para ese corazón de tan hermosa Creación.

     Llorar dentro de sus agujeros negros, sollozar por sus abismos, ser la única raíz que arraiga en su hondo desconsuelo; quisiera ser así, para nacer esmeralda como yema en tierra yerma. Despacio, crecer con las gotas de sus lágrimas, abarcar todo su pecho y resonar en la caja de su alma como árbol que susurra vida con su viento.

     Mas no hace falta, mi Vida, pues en tu Firmamento no hay polvo que asfixie mi grana. No existe hoyo oscuro en tu divino cuerpo sino sólo hay llama agitada que ansía la felicidad, columnas que se alzan candentes y afiladas creando un paraíso, el manto de luz por donde divago a diario.

     Aun la carne vista mi esqueleto y mi esqueleto sea plomo que pasea indiferente por los callejones. Nada más lejos de la verdad pues, si se asoman bajo mis parpados, distinguirán con claridad tu cegadora luz, en donde resaltan las cirrosas plumas en tu celeste Cielo, donde el susurro de tu aliento se ciñe como viento a los pétalos de este erguido lirio, siempre tuyo, colmado de savia, de elixir de dulce vida…

jueves, 25 de julio de 2013

Perfecta


     Por fin del sueño podré sacar una miaja de usufructo, desperezaré sin sobresalto de quedarme dormido y, sobre todo, dispondré de más tiempo para mi Niña y mi Totelito Totolate, mis Amores.

     Me pregunto si involucrarse sin mensura, y sin apenas descansar, con el trabajo me conduce a algún lugar. A veces me veo como inadvertida brizna de trigo que se seca en una pradera inmensa, una paja que germina una espiga delgada y que sólo madura unas pocas simillas, dejando las demás vanas.

     Presiento que malgasto las horas de mi vida, que consumo mi hado y que quebraré en balde; advierto que soy un inútil tamo bajo el mueble del destino que un día terminará en el cubo de la basura.

     A caso esto, acometer tantos asuntos, es razón de vida. Entregarse en cuerpo y alma a todas las tareas, clasificarlas con similar enjundia y abordarlas sin más miramientos hasta la extenuación; es razón de vida. Canjear el tiempo sin ni siquiera percibir un mínimo gesto de gratificación, es más, recibir todo lo contrario, me increpan que debe de ser más;… es la razón de la vida.

     Dudo de cuál es la razón de vivir, incluso me da miedo pensar en su falta de sentido. Me esmero en escuchar el eco del mundo y, tras reflexionar, me noto ajeno, como si fuese un mero peón de movimientos bien definidos que malgasta su tiempo entre los cuadros blancos y negros.

     En cambio, mi Sílfide, su magia, agita un oleaje en mi pecho, una marea más que útil, valiosísima, que inunda mi razón de ternura, de hermosura,… de sentimientos que van más allá de la locura. Así, cuando paro un instante me oriento como cometa hacia el viento de mi Amada y enseguida advierto como la noche se estrecha a través de tus ojos, doblego mi corazón hacia tu carne y penetro limpio en ese inmenso Piélago, mío, que sólo da amor, que perfila fina sumisión por todo y todos, hasta la extenuación; a cambio de unos simples gestos de gratificación.

     Cuan valiosa es tu luz de intensa Luna que me cuida de noche, tu casta y cegadora luz de Sol que me devora los sentimientos, que hace estallar mi corazón en añicos sobre el papel….

     Tú logras que todo sea diferente: la puesta de Sol en el horizonte, el esplendoroso amanecer, el contorno de los árboles que percibo al pasear por los caminos, las praderas cubiertas de girasoles, de maizales esmeraldas y de mares áuricos de cebada, el trinar de los pájaros, el rumor de los ríos, el susurro del viento…, todo me lo haces distinto, muchísimo más bello, una sonrisa de la naturaleza que tú, sólo tú, Amor mío, logras exiliar dentro mi pecho.

      Un oleaje furioso, un fuego que derrite cualquier alma gélida… así eres, Amapola mía, perfecta.

martes, 23 de julio de 2013

Ánfora de tu corazón


     Bueno, Amor mío, a ver qué halago concibo para armonizar con tus ágatas caobas, a ver qué puedo transcribir para loar esa pasión tan elegante que escinde mi pecho y desescarcha mi corazón a través de los lagrimales.

     ¡Oh! bellísima Amapola, podría amputarme el dedo menique para enredarlo a tu flequillo, como si fuese palillo chino, o por qué no la mano, para así, recogiendo tu preciosa y corta melena en un moño, airear tu fin cuello.

     No, no me es suficiente, mejor mutilar e inclinar mis brazos como si fuesen barandas a la altura de tu sílfide cintura y así, cautivos, frescos y gozosos sentir cada día la sombra de tu cóncava y lozana silueta.

     He de entregarme más que sobrado, sí, ilimitadamente, como una fórmula eucarística que, una vez consagrada al amor, se alza más alta que altar, sin confines de adoración. Cuartearé mi ánfora, la que alberga tu cándido corazón, la cuartearé de por vida en fragmentos líricos de sanguinolenta arcilla.

     Extirparé mi alma hasta secar toda mi savia, lo haré por consumar mis días en seda alrededor de tu cuerpo, Amada mía. Seré un cisne de espíritu esbelto para mi Mar cristalina, un tierno cordero de toisón blanco y espeso que estará siempre a tu lado.

TE
QUIERO

sábado, 20 de julio de 2013

Hojas


    Entre hojas, bajo deliciosas sombras, recalando a través de visos platinos y solazándome en medio de la quietud, por tus insondables e inagotables sentires. Revoloteo grácil de rama en rama, de yema en yema indagando algo tímido rescoldos que exhalan gomorresinas balsámicas y templan nuestros ánimos. Canturreo alegre, más que alegre mientras aleteo por el interior de esta, siempre tuya, endiosada sima.

    Instintivamente busco pequeñas y limpias hojillas que centellean como diminutas gemas esmeralda. Las avivo con la savia elaborada por ti que, a raudales, cala fértil por mis dedos y las sacho con la linfa indeleble de estrofas y versos.

    Cierro mis cutáneas ventanas y huyo hacia luz que deslumbra mi pecho. Ahí cincelo el diamantino sedimento que colmata en mi corazón, ahí me pierdo feliz entre esos surcos que me quedan exangüe; rehuyendo siempre de las veredas insulsas y tartáricas que conturban la vida.
   
     Unas pinceladas eróticas por el limbo y el envés de las hojas, unos toques imperceptibles de embozados sentimientos. Anular las zozobras y tonsurar el himen aterciopelado y rojo que recubre el corazón de mi Amapola…

jueves, 18 de julio de 2013

Avellana articulada


     ¡Ay!, como duele esta senil y articulada vaina de avellanas vanas. Pasó lo que tenía que suceder, por trastear tanto trabajo a la vez, tanto que ni siquiera existo en casa, casqué como una rama carcomida.

     Fue así: rotaba de aquí para allá entre los alumnos, fulgurante como un carrusel de feria y, maldita sea, sentí un chasquido y quebré por la fatiga como paja de trigo seca. Ahora camino torcido, giboso como un anciano y apoyando mis manos por este hueco que engurruñó mi rostro y detuvo mi carrusel.

     Tenía que ocurrir, yo no poseo la fortaleza de una hormiga que acarrea varias veces su peso. Ahora el agotamiento me duele y aún estoy fuera de casa, sin poderme tumbar. Menos mal que desde aquí, con tesón de abeja, recolecto la miel de la Colmena que se agolpa en mi corazón y me da la vida. Este tesón, este vehemente ahínco de amor no me da estrés sino éxtasis primaveral que me yergue como Lirio…, un tiovivo para ti y para mi niño.

Avellana articulada



     ¡Ay!, como duele esta senil y articulada vaina de avellanas vanas. Pasó lo que tenía que suceder, por trastear tanto trabajo a la vez, tanto que ni siquiera existo en casa, casqué como una rama carcomida. 



     Fue así: rotaba de aquí para allá entre los alumnos, fulgurante como un carrusel de feria y, maldita sea, sentí un chasquido y quebré por la fatiga como paja de trigo seca. Ahora camino torcido, giboso como un anciano y apoyando mis manos por este hueco que engurruñó mi rostro y detuvo mi carrusel.

     Tenía que ocurrir, yo no poseo la fortaleza de una hormiga que acarrea varias veces su peso. Ahora el agotamiento me duele y aún estoy fuera de casa, sin poderme tumbar. Menos mal que desde aquí, con tesón de abeja, recolecto la miel de mi Colmena que se agolpa en mi corazón y me da la vida. Este tesón, este vehemente ahínco de amor no me da estrés sino éxtasis primaveral que me yergue como Lirio…, un tiovivo para ti y para mi niño.

miércoles, 17 de julio de 2013

Una cabezadita


     Hazme un lado mi Amor que falta me hace. Deja que eche una cabezadita para recobrar el ánimo y así, repuesto, abordar los quehaceres de la tarde.

     Lo preciso de verdad, Vida mía, no sólo para terminar la jornada sino, sobre todo, por recoger unas miajas tu almibarado cuerpo. Así, al apoyar mi cabeza en tu blanco vientre, advertiré la quietud que me reserva tu armoniosa respiración; o al reclinar mi conciencia en las palmas de tus finas manos, mitigaré un sinfín agostadas hojas que mullirán un lecho para tu tierno corazón. Lo necesito, mi Niña, aislarme dentro de tu pecho y conformar, mientras tanto, una única figura, bien definida, de indeleble e inocente amor. 


     Mirar directo y flotar cómplice tras tus ojos. Acelerar mis latidos y batir mi sangre con tu apasionada entrega. Calmar mis ansiedades con las etéreas caricias de tus yemas. Atemperar mi pasión con tu cálida boca, con el fuego de ambos leños que se entrelazan y se consumen, con la humedad que resbala de tus labios, con el relieve del paladar que palpo con mis yemas linguales; unas ondas guturales, unos sonidos rítmicos, son besos profundos e intensos que me encienden como llama.

     Estallas ascuas en mis ojos, destellos de alegría que no son sino reflejos del amor infiltrado con la lumbre de mi preciosa Mujer. Apacible abrazo, reposo gentil sobre tu pecho y sueño, y soñamos, y sonámbulos repetimos –¡te amo!, ¡te amo!, ¡te amo!...-…