jueves, 26 de diciembre de 2013

Un sinfín de besos


     Aquí, en Madrid, con la tenue luz de un flexo y cubriendo mis hombros con una frazada raída, adelgazo mis dedos en la vertiginosa mar de tu Vida.

     Se me alza un torbellino de sentimientos que trashuman sedientos hasta alcanzar el lustro de esos ojos entreabiertos, de esa mejilla tersa y blanca,… tu inextinguible tea interna.

     Busco una vena de cristal en el tiempo, una veta original, no consuetudinaria y acosadora sino un filón cegador y sincero que acribille tus labios sin ni siquiera rozarlos.

     Así es, he de hallar dentro de mí todo ese Amor que hace hervir mi sangre, necesito ubicarlo, acorralarlo y sacarlo en miles de sílabas que sólo van destinadas hacia ti, Amor mío.

     Millares de besos trascritos, un sinfín ósculos caligrafiados que alzaré al vuelo como plumas, aun pesen como buques en el pecho de la Mar mía. Para que allá, entre la sutura de sus lindos senos, se sumerjan dóciles y lozanos, y se serigrafíen indelebles en el corazón que amo.

martes, 24 de diciembre de 2013

Feliz Navidad Amor Mío





    Unas juncias de rivera para quemar en mi hoguera e inciensar desde mi corazón la mesa donde mi Ingeniera de Amor se entrega con fervor, una de esas juncias que inversas portan los buñuelos de mi pueblo, unas juncias lábil y plateada para asir, Niña mía, tus muñecas a la mía. Una juncia que se cierre sedosa, con un deslazado nudo para vueles libre, Paloma mía, y curves el cielo, como biombo azul, hacia mi pecho.
     Quiero ser avieso pirata en el océano de tu vida y anclar tal bajel, con tantos tesoros, que a diario sea Pascuas cargadas de AMOR.

Feliz Navidad


Ahora


      Ahora, deprisa y antes de retirarme a descansar, un poquito de íntima lírica.

     Cavaré este deshidratado y externo baldío, mi piel, y extraeré, de mi mismísimo pecho, todo lo que el corazón dicta a la razón y con la máxima prontitud que dan mis dedos intentaré acariciar ininterrumpidamente tus oídos, hasta que se enrojezca tu faz y se estremezca tu cuerpo, hasta que te hierva la sangre con mis inagotables y justos elogios.

     Aunque este texto te resulte silencioso, estate atenta en la forma que lo trazo. Relincho, Amor mío, por dentro como caballo e incluso, cuando dormito, de tan vasto mi querer que ululo como lobo de tan desmedido celo.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Aromas



     Ser durante toda una eternidad el dulce aroma de romero que invade tu Ser. Ser la hilaridad imperceptible que, sin más oficio, penetra a diario en tus sueños. Un vaho suave, sin durezas ni puertas, solo esa alma desprendida de mi cuerpo que, con ahínco, se infiltra en su único camino; el de tu Ser, Amor mío.

      Me he acostumbrado, Amor mío, al ser brizna ligera de eneldo que, como fumarada escolástica, persigue cargar de aroma inexplicable esa sacristía que guarece un corazón inimitable. Digamos que la cautivadora humareda que disperso es mi deseo de lograr el verso más fino que, desprendido de mis yemas, cree una lámina hialina de saliva sobre tu delicada piel, lírica trascrita que, como si fuese el roce de mis labios, estremezca tu Ser, Vida mía.

     De meta, así de fresca ha de ser la savia que inocule en tus melíferas ventanas. No me sirve cualquier dulzor, he de alcanzar un sabor de vesania. Así, afrontaré cualquier desavenencia y como Quijote, ido de amor, embestiré a los cíclopes aspados que intentan trabar el río vocal de mi corazón.

     Pasión secreta, sepultada semilla de indecible fragancia, que cada noche nace núbil entre las sábanas de tu lecho, o cada mañana crece como hiedra alborada, una enredadera de vapor celeste que se alza por todos los soportales por donde caminas. Es dialecto tierno y frondoso que surge céfiro desde mi corazón y se dispersa en secreto por el valle sesgado de tu pecho.

     Amor mío, lloro primaveral y añil como lirio celoso que desea florecer junto a la flor de fuego que me ha arrobado el corazón. Yaceré soñando en este nido vacío, cumpliéndote a diario con fiebre poderosa, obedeciéndote, Amor mío, y ungiéndote con una lluvia amor insondable.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Si mi cuerpo fuese una flor sin espinas


     Si mi cuerpo fuese una flor sin espinas. Una flor que tan sólo se riega con la fina cinta de agua cristalina que penetra por mis ojos. Una flor que, con la virtud de un par de fulgores, se perfila desde muy temprano con suaves colores….

     En todo estos casos, mi Amor, habría de agradecer la entrañable y cálida fragua que para mi eres; la única que me moldea a su antojo. Un lecho de incandescentes rescoldos que funde mis pétalos, los marchita lentamente e incluso los consume sobre hojas secas y blancas donde, de una en una, templo el imborrable filo de mis puñales de Cupido, dagas de amor que revierto sobre tu corazón. Soy una flor afinada por un Amor y, a la vez, soy capaz de labrar una efigie única en Piedra perfecta.

     Sueño con la sencillez, con la esperanza de que un día me agite y tremole libre en todas direcciones, jugando con el viento. Tan sólo quiero ser un aroma natural que se disuelva por el aire, un olor singular que se borre imperceptible. Quiero ser musgo verde y húmedo, de barca perdida, que abrace a mi Piedra, bogar por el camino de su destino, ser solo para Ella.

     Cruzaré su paso con mis pies desnudos, vadearé, aun me ahogue en la demencia, su espesa mirada de miel. Le cederé mi cuerpo para que no caiga sobre cualquier tierra sino para que pise alfombra de nube, para que me ambicione a su antojo y me tome, incluso no me merezca nada.

      Ebrio de tanta belleza te entregaré a diario esta voz que no me cuesta nada, la abandonaré ante tus ojos para que la escuches sin necesidad de acercarla al oído. Latidos de amor que se calman con solo una fiesta de luz, con un par de crepúsculos canelas, con el carnoso muerdo de cielo que atesora dulce boca o con las dos yemas blancas que como carnosas manzanas libaría hasta morir….

viernes, 13 de diciembre de 2013

Ya está



Ya está, ahora me recostaré
en tu pecho y esperaré
a que nazcan de improviso
las palabras de los amigos.

Cristalino como oasis inmóvil
reflejaré sólo la noche que soy.
Sumergido, sin grito alguno
en un abismo virgen, puro…
sostén mi cuerpo, abarlóalo,
aun sin eslabones, a esa Mar
de la cual me he enamorado.

En fin, en olor de manzanas
y de inmarchitables azucenas
me consumiré en la espera.
Cenizas de lirio de primavera
que, sin savia, espera los besos,
los blancos y pequeños senos,
yemas desnudas y latientes
que se mezclan con la sangre
cálida que yace en mi corazón.