martes, 5 de febrero de 2013

Amapola, soñar es vida.


     Todas las noches escucho maullar a la misma lechuza, al encender la luz del despacho ella, muy puntual, me da los buenos días, ahí fuera estará aterida de frío. Es dulce que en estas horas de reposo, tan de noche, y con este crudo tiempo, haya pájaros nos que alienten con calma.


     Mi Amor, me veo ahí contigo, empaquetados como cebollas, con cuatro o cinco mangas y además arrebujados a una manta gruesa de lana o a un edredón de guata que nos  cubre perfectamente las piernas, el dorso y la cara; tan sólo sacamos los ojos y los heroicos dedillos para manejar el tubo helado del telescopio. Sonriente bajo el chispeante firmamento, sobrecogidos con el silencio nocturno y soportando el alud que se desploma frío del cielo.

     Sin prisas, vivir dichosos y alegres, disfrutando de minúsculo detalles, bien sea de una simple gota de rocío, o bien de los élitros jaspeados de una mariquita, o de un bellísimo ademán de sonrisa, o de la espectacular Sirio que como faro sobre el horizonte nos indica donde está el Sur o del cúmulo nebular de Orión, donde ahora se están gestando estelares bebes y seguro que algún que otro astro prende por primera vez su fusión y gimotea radiante en el “firmamento”.

     No es esto dicha, mi Vida, esta cadena de eslabones merece la pena. Un refugio improvisado y entrañable en la noche, tus manitas bajo las mías, calentándose frente el tenue brasero del aliento que empaña el ocular del telescopio. Entre los nudos de nuestros dedos brota jugo de sonrisa, nace del hontanar de los labios y se despeña hacia el pecho. Verdad que esa son las claves de la enigmática vida: soñar todo y si vivimos disfrutando de los sueños, una vida de ensueño tendremos; Tú y yo.



La oda de mi vida.

Amor, tu alma tengo

y firme la sostengo.

Audaz en la lírica,

milano del viento

que al firmamento

subió al tocar saliva.

Abri tu flor herida

a  ilusión onírica;

mi Amapola, soñar es vida.

lunes, 4 de febrero de 2013

Es curioso

     Es curioso, cuando regresaba del Cuatro Caminos con David, Pedro y Juan, los mirlos estaban erguidos y batían eufóricos las alas, como si el entorno inmediato les hubiese sonreído o la calle Delicias contagiara simpatía y puliera desaforadamente el espíritu de esos gráciles pajarillos. Incluso la mágica claridad que inundaba la calle se reflejaba en las semillas del acebo con una intensidad inusual y fulgían con un color Corinto, casi violáceo, atípico. Así, surgía de las semillas que cubrían los setos y de los azabaches de las avecillas una frazada cálida de fosforescencia que estimulaba mis sentidos con una emoción peculiar y, aunque parezca extraño, muy propia. Todo ello me evocaba en el paladar un dulzor inenarrable, en la piel me vivificaba un estremecimiento inconcebible y en el aire flotaba un perfume… ¡Ooooooh! no puede ser tan misteriosa su querencia, no estaba allí mi Dama y sin embargo todo había mutado edénicamente. Quizás ahí, en esta calle, se apoye el marco del arcoíris que vimos en nuestro primer paseo bajo la lluvia, pues me sobrecogió un extraordinario placer indicando que aquí debe estar mi Tesoro, mi Amapola, mi Vida…

Mi amor



     Cómo estás mi Vida, ¿te molesta?, seguro que sí, aún es muy pronto. ¿Has dormido bien?, ¿ha pasado la noche de un tirón? a veces, por no estar agotada sino molida de no hacer nada, las noches terminan siendo más que eternas, desesperantes y aburridas al no terminar de amanecer. Qué tal te manejas con la mano izquierda, ¿te desmenuzan la comida en pequeñas raciones? y el vaso ¿lo llenan de agua? y si desayunas tostadas, ¿te untan las rebanadas con mermelada? yo lo haría con mucho gusto, untando con mimo cada esquina del pan, con una capa fina y uniforme, como te gusta, y cada una con su sabor peculiar: arándano, grosella, fresa, ciruela, tómate…; has probado está última, sé que así sí disfrutarías del tomate, acaramelado está tan exquisito, un día lo haré con mucho amor para ti. Seguro, Princesa, que no te atusan la almohada y si lo hacen, no la mullen como yo; tras ponerte con desmedida prudencia la bata, pasando primero tu delicada mano y después la izquierda, tras calzarte cálidas manoletinas y arrimarte la silla, abriría las ventanas, echaría hacia atrás las sábanas y con cientos de pellizcos te algodonaría la almohada. ¿Te cepillan el pelo?, a que te place después de tantas horas echada en la cama, te imaginas los dos a solas en el dormitorio, tu, Amor mío, sentada sobre la cama o en una silla y yo alisándote el pelo con extrema ternura, ahuecándotelo tan despacio que casi quedas dormida y después guardándome cada sedoso pelo desprendido como si se tratase de eslabón de oro perdido. 


     Ayer, al ir a Trujillo, pasé por la clínica y rodeé toda la manzana mirando cada ventana… Después, conteniendo el frondoso sauce que siempre mantienes dentro de mis ojos, fuimos hacia el concierto, les ayudé a colocar los instrumentos musicales, paseé por la plaza hasta que cayó el Sol y, cuando el frío me obligó, me resguardé en la función. Disfruté con una risa idéntica a la de los niños, viendo las ilusiones a un auténtico mago y haciendo un montón de fotografías. 



     Hoy el día ha sido bastante bueno, magnífico si hubieses estado con nosotros. Teníamos pensado ir a los Barrueco al mediodía, mas antes de salir sonó el teléfono y se apuntaron Carmelina, Francisco, Luisito y Kiko y así el día alcanzó el matiz de bastante bueno; sólo tú mi Niña, sólo tú faltabas. 

     Hemos celebrado el cumpleaños en el dolmen de hijadillas, la misma ruta que hicimos juntos. Hazte una idea de las incontenibles pasiones que he experimentado y de cuanto te he echado de menos: al pasar junto a la frondosa hierba donde nos sentamos y, tras hacernos unas fotografías, nos besamos sinceramente…; al comer en la misma roca donde degustamos esponjosa y sabrosa tortilla de patatas y diminutos muslitos de codorniz en salsa de tomate, donde desafortunado en el juego de la escoba me di cuenta que era el hombre más dichoso por tu amor…; al ver a los niños tan plenos corriendo y escondiéndose tras las encinas, igual que nosotros, también aniñados, jugábamos al escondite y tú, mi Niña, más que revoltosa, como yema joven y verde, te echaste boca abajo sobre yerba, tan ligera que apenas la ladeabas. 

     Así que hoy broté tierno a punto de germinar, a punto de romper la cutícula. Pero una azarosa angustia lo impedía, la Colmena que surte de miel mi vida está en el hospital, la afanosa jardinera que se entrega en cuerpo y alma a decorar el lar de nuestro corazón no venía con nosotros. Escuché con extremosa atención cada comentario que Carmelina hacía de ti y por supuesto pensé, cada vez que distraídos y hablando con Francisco nos alejábamos sin querer de Carmen, que tú, mi gran Amor, faltabas para ir en parejas. Ya, al caer la tarde, nos retiramos a casa y por supuesto los niños, aún sin nutrir suficientemente, con más apetito de juego, se quedaron aquí en casa hasta las ocho. Que trinomio de ternura, vegetales firmes y frágiles, sin espina alguna, de pura clorofila que hacen fresca cada hora del día.

sábado, 2 de febrero de 2013

Lago


     Desperezo sin hilera de cañas amarillas y raídas, mostrando todas nuestras flores, no una Amapola y un lirio sino miles de singulares y plurales formas adoptadas por bellísima Amapola y cariñoso lirio. Hoy mi radiante Flor yace hermosa y horizontal, revolviéndose inquieta de un lado para otro bajo tersa sábana y arrebujada a una colcha de lana. 

     Su cuerpo está adentro y yo aquí, a su lado, marco mi pecho, trato de sacarme todo al aire, y es que, mi Amor, busco sembrar mi hálito ahí, a tu alrededor, lago vaporizado que dispersa colores encantados al ser cruzado por la luz que tú le das cada día. A veces, sin jaula y algo arrutinado, me aflijo en niebla plateada mas, lentamente y sin pausa, persigo tu aguda y viva luz roja, resurjo de los vidrios metálicos y monótonos y renovado trepido como caireles colgados del cielo. Otras el lago, rociado a tu alrededor, se siembra como puzle de flores, encajándose como mágica pantufla a tus pies, para que levites dichosa y con ansiosos deseos de superarte en el escenario de la vida.

     Ahí una Botella que nunca tocará tierra, que siempre permanecerá brillante como córnea de ojo, que jamás en el tiempo se empañará, pues siempre rehuiré de los males que causen lágrimas, que se sequen quedando depósitos salitrosos en su vidriado corazón.

     Miro hacia tras y me alarmo por haber perdido tantos días, ello me lleva a un ocio terrible, descomunal y desenfrenado; ni un nuevo día he de perder el tiempo, siempre para ti, mi Niña, he de ser así de apasionado, de intenso. 
Rompe dispersa locura, 

disipa cualquier duda, 

deriva en una botella 

el amor de un poeta. 

Oleaje de literatura, 

delirio de crisopeya, 

dame onomatopeya; 

sólo tu ósculo me cura.

En las salas únicamente se respiar


     En las salas únicamente se respira, están tan aturdidas de silencio que la alcoba en la que estás, Vida mía, percibo con absoluta perspicuidad tu dulce y evanescente resuello. Un espacio inundado de pegajosa quietud, pero impecable con las flámulas florales que se desbordan de unas ánforas y por los tenues haces de luz que prenden mechas blancas en las paredes y dibuja caprichosas sombras con las arrugas de la colcha en la cama.

     Asiduo a los pies de tu lecho, velando a mi resplandeciente Sol, al paradisíaco calor que paso a paso ahitó mi corazón. Ahí, enaltecido por tu hermoso corazón, igualo la colcha y la entremeto, con sumo celo, bajo tu fino cuerpo; desvedijo en silencio la afortunada almohada que acoge tu tersa cara y, pidiendo perdón, abuso con suaves roces de tu mejilla, al retirar los mechones que te desadormecen.

     Un pañuelo de seda, que se embebe el agua fría de concha nacarada, para lavar el carnoso marco que da acceso a tu hermoso cuerpo, para barrer el salitre que deja la marea cuando se seca sobre la perfilada orilla de mi Vida: tus labios. Sólo los aromatizaré con el frescor del sándalo y la suavidad del hinojo, para lograr una marea alta, una vasta alma de ensueño, pues no debo mezclar agua vana que enturbie tu entraña babilónica o empañe mate tu edénico espíritu.

     Un simple lamento es, dentro de mí, asombroso seísmo que convulsiona toda mi atención y si acaso por el sueño hay firmamento oscuro, un gemido es nova interna que me desvela diligente y me abre fúlgido como cielo. Así nada contigo está vació, todo se plaga de sentido y mi corazón alienado sólo abarloa en la ensenada de tu pecho. Una nimia queja me despiertas y talla todo mi mármol, frío y endurecido por el sueño me desvelo por ti brioso y divertido; sí, si tú llamas, me revierto en bondad.

     Asir tu mano, para que no te sientas vacía y sola, durante todas las horas del oscuro crepúsculo. Horas que no se han perdido sino; sentado al lado de la cama, apoyando mi frente sobre mis brazos cruzados y aferrándome lozano y tierno como fresca hierba a tu mano izquierda; se han fundido como cera cálida de vela y entrelazado como párrafos manuscritos dando lugar a íntimos paisajes, a poéticas frases, … a claro de Luna que se baña en la laguna, a borrar toda distracción y fijar toda mi atención en sofocar el acezo de la anestesia.

     En la noche y más que en sombra, no sé si sueño o permanezco insomne, deleitándome con el contorno de tu faz, con el perfil de tus labios y de tu fina nariz, con la curva de tus cejas y la penumbra de tus parpados cerrados, … velahí tan dormida y créeme que aquí estoy como lámpara que nunca se apaga, ardiendo por Vos, por puro Amor.

viernes, 1 de febrero de 2013

Cuánto tiempo estaré sin saber de ti

     Cuánto tiempo estaré si saber de ti, mi hermosa Mujer. Desde esta tarde hasta cuándo permanecerá muda la ventana. Envejezco, mi Niña, con estas lastimosas despedidas, me siento como héroe inútil que ni siquiera puede lanzarse a la hazaña de asistir a su gran Amor.
     Tierno me doblego, mis grandes ojos abiertos y pensativos se secan como pétalo y mi latiente pecho se retuerce buscando en lo más profundo del sueño, dibujando tu nombre, regresando a todos los rincones donde nos hemos amado, sintiendo de nuevo esos vientos y pisando las mismas veredas; pero aquí sin la inquietud que alguien pueda hurtar nuestros sentimientos.
     Mi Vida, tu pecho contiene un jardín inmenso, primaveral, rebosante de miel de única flor, no una miel cualquiera, fundida y golosa, sino una miel de Mujer, la miel que surgió de sus entrañas, endulzó mi sosa soledad y curó los males que enfermaban mi alma.
     Mi Amor, pretendo, con estos renglones, que sientas de nuevo la tiritera que aquel día estremeció todo mi cuerpo, el temblor que a través de los brazos llegó a mis manos y se esparció por los lares sempiternos e infinitos que conforman tu risueño corazón. Mi Niña, así, con un solo beso, sembraste el amor en mi vida, amor bueno y puro, repleto de ilusiones, de ambientes peculiares y de caprichosos gestos.
     Amapola mía, similar a ese primer besos son todos los demás, son como semillas, desde ese del Villar del Rey hasta los de esta tarde, son todos mágicos, sí porque ahí, en tan ínfimo lugar, tras la cáscara de la semilla, coge todo un árbol. Pruritos tan finos y singulares, que se transmiten con la boca, se siembran en el alma y crecen frondosos en el corazón.