Todas las noches escucho
maullar a la misma lechuza, al encender la luz del despacho ella, muy puntual, me
da los buenos días, ahí fuera estará aterida de frío. Es dulce que en estas
horas de reposo, tan de noche, y con este crudo tiempo, haya pájaros nos que
alienten con calma.
Mi Amor, me veo ahí
contigo, empaquetados como cebollas, con cuatro o cinco mangas y además arrebujados
a una manta gruesa de lana o a un edredón de guata que nos cubre perfectamente las piernas, el dorso y la
cara; tan sólo sacamos los ojos y los heroicos dedillos para manejar el tubo
helado del telescopio. Sonriente bajo el chispeante firmamento, sobrecogidos
con el silencio nocturno y soportando el alud que se desploma frío del cielo.
Sin
prisas, vivir dichosos y alegres, disfrutando de minúsculo detalles, bien sea de
una simple gota de rocío, o bien de los élitros jaspeados de una mariquita, o de un
bellísimo ademán de sonrisa, o de la espectacular Sirio que como faro sobre el horizonte nos indica donde está el Sur o del cúmulo
nebular de Orión, donde ahora se están gestando estelares bebes y seguro que algún
que otro astro prende por primera vez su fusión y gimotea radiante en el “firmamento”.
No
es esto dicha, mi Vida, esta cadena de eslabones merece la pena. Un refugio
improvisado y entrañable en la noche, tus manitas bajo las mías, calentándose
frente el tenue brasero del aliento que empaña el ocular del telescopio. Entre los nudos de nuestros dedos brota jugo de sonrisa, nace del hontanar de los
labios y se despeña hacia el pecho. Verdad que esa son las claves de la
enigmática vida: soñar todo y si vivimos disfrutando de los sueños, una vida de
ensueño tendremos; Tú y yo.
La oda de mi vida.
Amor, tu alma tengo
y firme la sostengo.
Audaz en la lírica,
milano del viento
que al firmamento
subió al tocar saliva.
Abri tu flor herida
a ilusión onírica;
mi Amapola, soñar es vida.


, echaría hacia atrás las sábanas y con cientos de pellizcos te algodonaría la almohada. ¿Te cepillan el pelo?, a que te place después de tantas horas echada en la cama, te imaginas los dos a solas en el dormitorio, tu, Amor mío, sentada sobre la cama o en una silla y yo alisándote el pelo con extrema ternura, ahuecándotelo tan despacio que casi quedas dormida y desp

tas y diminutos muslitos de codorniz en salsa de tomate, donde desafortunado en el juego de la escoba me di cuenta que era el hombre más dichoso por tu amor…; al ver a los niños tan plenos corriendo y escondiéndose tras las encinas, igual que nosotros, también aniñados, jugábamos al escondite y tú, mi Niña, más que revoltosa, como yema joven y verde, te echaste boca abajo sobre yerba, tan ligera que apenas la ladeabas.
nos alejábamos sin querer de Carmen, que tú, mi gran Amor, faltabas para ir en parejas. Ya, al caer la tarde, nos retiramos a casa y por supuesto los niños, aún sin nutrir suficientemente, con más apetito de juego, se quedaron aquí en casa hasta las ocho. Que trinomio de ternura, vegetales firmes y frágiles, sin espina alguna, de pura clorofila que hacen fresca cada hora del día.






