jueves, 31 de enero de 2013

Esta noche no sé como lo haré


     Esta noche no sé como lo haré, mas lucharé, ¡sí!, sea como sea lucharé con más furor que ayer y que antes de ayer. Romperé la insondable barrera del tiempo, venceré al inexplicable sueño y permaneceré como siempre a tu lado. Pero ahora, hambriento y desesperado, naufragaré entre lágrimas de aflicción, extraviando los ojos en el horizonte y escurriendo hasta la última gota de mí amor.
     Palideceré, tecleando emociociones, confiando que me escuchas, sin pausa y deambulando por el despacho como si fuese el pasillo de la clínica. Angosto sendero de no saber cómo estás, de no poder hacer nada si el dolor te cohíbe o si el pavor te azora hasta enmudecer.
     Mi esbelta Dama, de rodillas y desnudo de alma, soñaré que beso la bravía mar de tu vientre. Con aliento como viento, con millares de brillantes sentimientos y eterno, y como rey coronado de amor, prenderé de fuego el inmenso firmamento que se alza al frente de mi vida. Seré ferviente aurora que se acrecienta imparable ante el racimo rosado de un Cerezo, seré fino y bello como trazo que sesga el pétalo del gamoncillo, ¡Ooooooooh! Por mi dehesa Mujer.
     Por ti, Mi Vida, grito ansiosos, por ti trueno como cañón, sólo por ti levanto alegres andanadas del corazón. Deja que esta tarde la loca inclinación de mi voluntad desemboque en la fina bocana de tu boca.

miércoles, 30 de enero de 2013

El fuego

     ¡El fuego!, ¡cómo me atraen las llamas y las brasas!, frotar las manos junto a la lumbre, apenas pisar las candentes ascuas y, repantigado y cambiando una y otra vez el cruce de piernas, ser testigos del ardor sobre las canillas. Qué hay tras esas flameantes lenguas, no puede ser simple plasma, no es sólo calor sino bienestar que redime, impregna y cala la piel, que se infiltra por los ojos y accede hasta el pecho, ¿lo sientes?, ¡lo notas!. 
     Perecer, Amor mío a tu lado, cautivo de la intensidad de mi Mujer. Sincerarme, descubrir mi pecho, tan sólo mostrar el tejido de mi rendida piel, subyugado al calor de tus brazos, al hilo de tus besos…, ardiendo me consumo ante la sincera belleza que tu alma irradia. 
     No, mi Amor, no me quiero vestir, he de sentirme desnudo frente al ardor de tus encantos. Mi cabello, mi piel, mi faz deben reflejar tu enérgico fervor. Día tras día he de esperar a que mi Niña, mi Vida, su ígnea dicha vaporice sin ahogo mi saliva y mis lágrimas. 
     Sí, Amada mía, Mujer, así como antracita pura continuaré de por vida rendido a tu Amor. Seré estable e inagotable brasa, quemándome y quemándome para ti, intensa llama de color similar pétalo de lirio: un dardo amarillo que delata la temperatura que tú impeles y un penacho azulado que evidencia que por ti me consumo puro, si veneno que ennegrezca el alma. 
     Sólo para ti, mi Amapola, sólo para tu corazón, crepitar en prosa o estrofa, que resuene como ruiseñor o como caña dorada a son del viento. Nada ni nadie te amará con tanta intensidad, consumiré tu vida con inédita pasión, vencido estoy por ti y por ello radiante me rindo a estar siempre a tu lado.

     Con tus prendas mi amor, he quedado prendada a ti. Prisionera de la grandeza de tu alma, de tu inmarcesible amor; tan grande, que no cabe en mí cuanto en ti veo.

     Sé, con certeza, que nací para quererte y que mi alma te ha cortado a su medida. Vivo de lejos por tu amor inflamada y, con estos gestos (tú preguntando y comprando cosas para mí…), encendida tanto que apenas me sostengo. Teniéndote a ti mi sol tan cerca, consigues que por ti viva y por ti muera.

     Cuando entre en ese profundo sueño, te buscaré porque significas todo para mí
TE AMO VIDA MÍA.
QUIERO ESTAR A TU LADO.

martes, 29 de enero de 2013

Buscando prendas



     Lindamente sentada, con la piel como overo rosado, no sé si es por el calor o por la turbación, mira alrededor solicitando con los ojos atención. Yo, como humilde potro de porte regia, rondo despacio y azorado a su alrededor. Intento mostrar menos ansiedad que ella, que mi Amor, por ello, y de vez en cuando, gasto bromas y sonrío, cuando en verdad estoy deshecho por dentro. Alegre, y sentándome a su lado, desvío la atención: -te gustan las pantuflas-, -las había de peluches muy tiernos-, bisbiseo entre dientes una carcajada –¡unos pies de osito!-. Una laguna de inabarcables sentimientos se me desborda del pecho, como en la tienda, donde llegué a intimidar al vendedor pidiéndole las más bonitas, el sacó unas joyas de crochet y yo dubitativo le exhorté que me ayudara, que deben de ser únicas, que son para mi Niña.
     Me sentía sólo por la calle, como arrinconado de tienda en tienda, -¡Dios quien mi ayuda!-, pensaba que ella, voluntariamente, no tenía más remedio que tender su mano en manos de un cirujano, mi calor había sido insuficiente, el amor que abre mi pecho no bastaba para aliviar la inflamación. Si pudiese daría rienda suelta a mi arrocinada pasión y la transmutaría bajo su piel, si me obedeciese mudaría mi overo rosado de hombre enamorado y lo sumaría bajo su dermis, quizás así mi calor la sanaría sonrojándola. Por qué no habrá primorosa hada que desangre lo que precise de mi vida para dárselo a ella, que con espuelas pinche la plata de mi alma para que gotee sobre su dedo y calme su hinchazón.

     Pido perdón en la droguería, donde exigí su agua de colonia, su cauce de aguas, que hallasen el río donde se desborda alma que es colonia. La tendera, algo tosca y pensado en gente común, me mostró un simple frasco. Quizás alcé la voz con un rotundo –¡No!- y supliqué pausadamente-quiero una ampolla con agua de hontanar, digna de Princesa, un agua pura que aúne el vigor del Sol, el aliento fresco de la nieve y reflejo de la Luna-. Me contuve y las gracias le di, pues me alcanzo un frasco con el agua de una laguna que sólo recoge el viento que lame la albahaca, el tomillo y el eneldo; -Sí, muchas gracias, esto es lo que buscaba- repetí. Además me trajo un bolso de aseo de finos trazos, tan delgados como los que hacen sus niños en el colegio. Así que desensillé mi terca brutalidad y con claridad le repetí una y otra vez –¡gracias, gracias, mil gracias!-.
     Ahora había de buscar un pijama de seda más tersa que su piel, dónde se puede hallar si no existe el mago de Oz. Pasé la palma de mi mano una y otra vez sobre cientos de telas y otras tantas veces dije que no; decepcionado no hallé tela similar a su mejilla, a su cuello, a su vientre… Las prendas me parecían púas de anzuelo y al rozarlas mi corazón las negaba. Como iba a mixturar esa áspera tela con la seda de sus hombros, así no debe de dormir, se le enredará el pelo, se le sonrojará la oreja y le dejará marcas sobre la piel. Sin más remedio tuve elegir seda normal, con simple brillo de zafiro y además, incapaz de hallar el justo pijama, impotente y sin querer, manché la tela con unas lágrimas de desesperación que se descolgaron de mis ojos y justo fueron a caer donde más se ve, en la solapa que se dobla delante de su sesgado pecho.

Nuestra vida


Nuestra vida,  esta frase que nos une en el mismo corredor del laberinto como prueba irrefutable de la utilidad del tiempo, de que existen nuestras manos a pesar de nuestros pies, de que somos un recuento.
Somos, y eso es plural, ese es el modo de asumirnos, mi vida, de creernos el aire, el agua, el fuego y la tierra; de bebernos la piel, explicarnos las miradas y poner a buen resguardo las risas y los llantos.
Somos, mi amor, como un árbol que se ufana de sus flores, solitarios y sedientos, uno de la sed del otro. Nuestra vida, esa frase que nos une, no reniega de la parte que nos toca, y nos contemplamos nuevos cada vez que entre la espuma de este mutuo corazón nos desnudamos.
¡Cuánto te extraño caracola!

domingo, 27 de enero de 2013

Buenas noches

      Sé que hoy, antes de caer sobre la almohada, vislumbraré de nuevo mi único deseo, mi Blanca de la noche, su Voz sobre mí mismo, rompiendo mi claro silencio. Será una confluencia más allá del deseo, erguido, en ese exacto momento se disuelve la sombra y se detona el recuerdo: resuena sincera voz, reverbera trascedente mirada, blande sísmica y sedosa caricia y así, desesperado, me explosiona el corazón latiente y enamorado.
     Una síntesis de años en unos escasos segundos, en un inenarrable instante el epítome de nuestra indecible vida. Gozando, sí, gozando, cuerpo a cuerpo sin estas ventanas. En mí estás y mire donde mire, a mi lado te hallo, luz que no es simple luz sino eclipse que tan sólo ilumina un camino, que conforma lo añejo erigiéndose como baile divertido y nuevo. Así desahogas mi corazón, abates mi razón a golpes de linfa que me revelan intensos colores tras la paleta de mis ojos. Respirar para ti, desperezar mi alma comprendiendo que sólo a ti te pertenece, desenredar las venas para así alegre poder servir al sueño que tú me concedes. Como fibra óptica mis nervios y mis venas portan raudales de amor descubriéndome la inmensidad de mi grandiosa Mar.

Tuyo es mi barro


     Hice una catedral con el tamiz de tu greda y armonicé en la rosa de los vientos tu nombre. Aspiré tu aroma y en tus ojos salpicados de castaños ramifiqué el árbol de los sueños para que no quedaran espacios y el tiempo no reclamara mis pasos. 



     Amor mío, en las calladas noches te he esperado para que anclaras un día sobre mi corazón de fuego. Y a mí llegaste, con resplandor de estrella para despertar los pájaros del sueño. Y desde entonces mi vida, la esperanza (como sedosa hiedra) sube segura por mis huesos. 

     Mi amor, conduce tu deseo hacia mis muros, sumérgete gozoso en mis ocultos mares, descubridor de mis sentidos; tuyo es mi barro con su inevitable historia y tuyo es mi destino. No me dejes a solas, mi niño, en este laberinto de la vida. Deja que mis ojos se sequen de mirarte siempre y mis palabras giren llenas de júbilo para buscar tu viento. 

Mi amor descalzo, se viste de tus hojas y se queda bajo tu fresca sombra. 

Descansa y ten dulces sueños en mis brazos, caracola. 

Un intenso beso de amor.