Siento, en cada nochevieja,
un geniecillo que atesora sueños,
un duendecillo que lustra bandejas
con atardeceres y auroras,
con arroyos en halagüeños
paisajes de densa flora.
Sí, Hermosa mía, el año nuevo
se abre irradiante como estrella,
diamante en bruto de piel tersa.
Aquí, me creo un prestidigitador
que vacía la chistera de su ser,
sacando su alegría, su gentileza….
Es la virtud de tu lirio, su querer
para polinizar a su único Amor.
Si, Vida mía,
en nochevieja y año nuevo
esta dichosa herida de cupido
se ahíta con nuestros risueños
recuerdos y, como el gorrión al vuelo
o el sentir de las olas en esta caracola,
se desborda la poesía de su corazón ido
para dulcificar la savia de mi Amapola.
Magníficos zarcillos, diademas en oro y plata y coruscante pedrería.... Uva y champán para fermentar en su cálido corazón; sí, en una copa que recobra el destello de la lumbre, que descubre el Sol dormido en el seno de mi Amada...
Brindemos mi Vida, levantemos las copas sobre nuestros corazones y recordemos aquellos paseos por la charca. Canta mi amor, canta hasta desfallecer, que después seremos ráfagas eternas de polvo de Lirio y Amapola arrastradas por viento...



No hay comentarios:
Publicar un comentario