sábado, 24 de diciembre de 2016

Carrusel




Ya, ya vuelvo a ser niño,

sin prisas ni pesares, niño

a espaldas de una aurora

que, sin cuerpo, va lejos,

hasta dejar rocío en flora

virgen de mi Mujer Niña.



Cuaderno lacrado que oculta

un relato mirífico, hermoso.

Una reserva sigilosa, tallada

en charcas, entre las hadas

de los muros de un lavadero

de blancas lanas; así resulta

tu envoltura lírica, del tintero

que se aúpa y que cabalga.

Sí, esbelto como el caballito

de cartón de nuestro carrusel,

que diligente vuela en torno

a puntal de vidrio Marino

que cintila Belleza, … Primor.



Desde pupilas azabaches

se irradian por la noche

secretos de mi corazón.

Vacío mi absoluto amor

y lo siembro alrededor

de tus Pies, del Estribo

de mi vida; amar al instante

amar como caballo gigante.



La crin trenzada con ovillos

de letras y ternuras dorada,

unos vaivenes de adornos

que, tal lucero en la noche,

penden por los costados,

arroyos de versos titilan,

estrellas para deslumbrar

al Centro de mi carrusel.



Entonces, sin forma, pequeña,

sumida en desértica soledad

se funde en un albor reflejo,

como una efigie de nacarada,

un halo de cuentas de rocío

que se derraman ahogadas

desde tintero de escalofrío

por la dulce piel del Vientre.



Dócil, en colegio de papel,

dispuesto a labrar surcos

penetrantes y elocuentes.

Te reescribo tu poesía fiel,

tibios regueros de besos

que fluyen por corrientes

vidriadas de atrevido amor.

Somnoliento, entre sábanas,

con aroma de una Amapola,

surgen versos del corazón,

nuevas gotas que incendian

mi tacto sobre tu fina piel.



¡Oh!, Siempre, en tu cuerpo,

inextinguibles brasas infames

de un lirio que bien se sabe

medroso; por ello en desierto

de ensueño oculta el secreto

de cuánto, cuánto te quiero…



Yo guardo

mis palabras en tu cuerpo

y le que las oiga un día

recibirá una ráfaga

de Lirio y Amapola.

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