domingo, 26 de julio de 2015

Qué se desteje


     Qué se desteje Amapola.

     Sabes que su oculta médula está ahíta del sensible bienquerer que le dedicáis y que su maduro corazón está repleto del cariño que tú le sirves; es la limpia miel que os escarza desde el sinfín de sus ojos, ambareada y cristalina,… es devoción.

     Así obra desde innumerables días, un estallido de cuidados, un alud de doncellez para obtener una casa bienhadada. Entretejido al alma de su cepa, adorando a su Amapola y deseando despertar toda una vida a la orilla de su irisada pompa, aquella que le sedujo en cierto albor y que le cobijó tras la binza de alabastrinas nubes.

     Quizás no coseche estrellas, mas, con sus rudas manos y ciega fe, es capaz de plisar el cielo hasta tender sus miles de invisibles aires sobre la delgada piel de sus Niñas. Puede ser que no os traiga la Luna, mas, con inagotable empeño, logró sacar esa esfera del firmamento y, sabiéndose en obligación, la dibujó en vuestras venas; un copo de alas blancas que singla por purpurea sangre hacia el corazón, que va y viene por la metódica imaginación sembrando un universo disperso, vasto y libre de ensueños.

     Al principio, como todo ser, nada, ni siquiera una mancha. Mas creció en sí mismo, despacio y cándido, blanco, más que blanco, entre los arrebañados corderos de Brozas, acarreando sus vedijas de lana; entre las doradas melenas de la dehesa Extremeña, guadañando su frágil pelo. Eso fue una imagen que pasó con el tiempo, pues con los años quedó atrás el niño e ilustró un nuevo grabado, el de su vida; los estíos campesinos y el heno seco queda allá atrás.

     Ahora, como si ayer fuese, trajo su propio rocío al mundo, la alegría de tener algo suyo, la blancura de sus mejillas; y sus mullidos vellones bajo sus cuerpecillos.

     Jamás hizo mal alguno, en antaño rebaños y a hogaño, como si tuviese tréboles, dos inocencias; purezas que siempre le serán Niñas. Dos Soles en la nube alabastrinas de su irisada pompa; tras ese primer beso de amante, la pastora de sus humildes días, empujó a dos retoños celestiales, el alba sobre sus rudas manos….

     Mientras, tras los umbrales de su tienda, espiraba una y otra vez –qué va a ser-, ahogado entre las voladoras palabras de sus vecinos cumplía con su deber: humilde servidor.

    Asombroso, una gran obra humana al margen de un mostrador, fruto que en el pasado se esparció hasta llegar al éxtasis del amor, y ahora, aunque se apoque, se disgregará por todo alrededor y sin que le vean será el gozo humano en el corazón de sus Niñas. Vuelan besos repetitivos sobre sus rostros; más que besos, es calidad de amor de un Padre…. Hálitos que se funden al posar los labios….

viernes, 1 de mayo de 2015

Caminar en primavera



Fuese así de fácil, la neblinosa alba

se alzaba dulce, sumida en calma.

Frazada helada, ojos que palpan

manto de rocío que bautiza el alma.



Sesga sangrante un aroma de piedad.

Sagrada mixtura que induce a soñar,

colmena que liba y no cesa de aletear.

Escancia sed tan virginal serenidad.



Libero el pecho y abro mis brazos,

sincero mi espíritu a un meandro.

Luces en espejo, el brillo cercano

de estrellas que toco con la mano.



Un susurro, un mensaje de ángeles,

el viento en versos, la suave balada

que recita una fragancia olvidada.

Tiembla inquieta la verde fronda,

delira un lirio por su Amapola

y la jara y el cantueso propalan



su ebrio aliento, su inocuo beso…

jueves, 2 de abril de 2015

No inquietes Padre



No inquietes Padre,

que aunque el cuerpo

se aballe con el suelo,

los ayeres, como adres

de aguas límpidas,

irrigan las siembras

de Pétalos en carne.



No asustes Padre,

que aun los latidos

no sean de sangre,

será esa voz violenta

un amar de coral;

bramar inmortal.



No padezcas Padre,

deja que el horizonte

de la noche descanse

eterno junto al Ser.

Pues anidas en mí,

como Luna trémula

que perenne e insoluble

riela en mar de llantos.

Tras mis etéreas nubes,

aluzando íntimas dudas,

… titubeos de hija,

siempre tu Niña….



No te condueles Padre,

que aunque mis labios

no acaricien la piel,

reposo tus inmanentes

besos de amor sinceros.

Los gestos, la dulce miel

de un alma derretida,

ese ámbar carmelita

que jaspeó mi frente

y que decoran mi Vida…



No Padre, no duelas,

que aunque la ternura

de tendidas manos

no acoja más flores,

una espiga madura

cuaja en criaturas.

Retoños frondosos,

geranios de colores,

el umbilical cordón

de apellido meloso

enraíza, bebe y crece,

de nuevo reflorece

sombras de su corazón

un Reino de Amor….



Padre…,


mi alma es tu nombre

jueves, 26 de febrero de 2015

¡Ay!




¡Ay!, de mí.

Hoy, veintiséis de febrero,

restan justos recuerdos;

indelebles huellas en sí.




Sé que alguien dijo

-nada importante hizo-,

oí también al que insinuó

que siempre estaba igual

e incluso hubiose morral

que a sus espaldas parió

inquina y bilis inmoral.



Mas yo, desde aquel viejo

vano del colegio el Cristo

sentí su amparo destrejo.

Sí, desde acullá vida mía

me sedujo con las ascuas,

con el crepitar imprevisto

de su inagotable fragua;



o con el pesado yunque,

al restallar el rojo fierro

con su maña personal,

con su gracia musical;



o en ese lóbrego rincón

lleno de tules de hollín,

donde me cegaba el vasallo

rayo de su pulso artesano,

donde la luz de su suelda

espejaba su gran corazón;



o con la caña o la caza,

con su Chuli, su Mora,…,

con esos gestos preciosos

de valorar el gran tesoro

de la compañía, del amor

al amparar a todas horas

un sinnúmero de razas.



Recuerdo como su mano

denodada entresacaba

su uva de la pámpana

y sin miaja de ayuda

vendimiaba la montúa.



Aludo sus vacuos inviernos,

… solo, él, acuciando el fuego

para derretir el duro helor

que castigaba su cuerpo,

entretanto una a una

juntaba el verde olivo

que vareaba al suelo.



Profiero muy sincero

su increíble maestría,

ser un matador de res,

desollador de cueros,

sacador de las carnes…



Aún más admirable

es la expedita saeta

que disparó discreta

a todos sus amigos,

un sedal irrompible

al que precisó abrigo;

o la eslinga de acero

para el pesado pecho

de sus consanguíneos.

Por igual se consagró,

sintiose sus apremios

y se deshizo por ellos.



Fui con él al cementerio,

y obedeciendo el silencio

con un paso más que lento

para no violar otros sueños,

le tumbé allí, con su boina,

para que no devele a Petra.

Mis más intensos recuerdos,

una sola reminiscencia

y hontanar de lágrimas

resurge de forma natural

de insondables secretos,

herida que escarpia piel

y que jamás cicatriza.



Corona de claveles blancos

para un reinado inmarcesible.

Un blasón que se languidece,

que marchita a los pocos días

en la puerta de lo inconcebible;

sin origen…, sin destino…; la Vida.



Dudo de esta tenue brevedad;

qué nos ofrece: dolor…, alegría….

Alabo la virtud de la senectud,

loo su maltrecha mengua de razón

que arraiga tan sólo las reliquias

indelebles que residen en el corazón.



… que descansen en paz …

sábado, 14 de febrero de 2015

Corazón



… por qué sufrir este destierro.
Se deslíe todo carmín en calima,
en ópalos fríos de desesperanza.
Un baldío infecundo, un desierto
que marchita abandonado lirio.

Sin don, sin alas, en pena eterna
se querella en su lóbrega sima.
Rehúsa del vacío que ahora le ahoga
… pregunta, inquiere, ¿qué más queda?,
… ya casi no sueña y apenas descuella,
late entristecido, dolorido por ella.


A veces se pide perdón a sí mismo,
otras se alza de súbito por la estrella
fugaz que tiñe de escarlata su desánimo.


…¿estará pensando en mí?
cierra su latir, se mira en sí
y ve sus bellos ojos castaños.
Inmerso bajo su propio techo,
naufrago en cristal, en pecho,
abarloa una caricia de ensueño
que cala hasta el tuétano del hueso,
… su sedosa mejilla, su fino cuello
su piececillos, jugar con su cabello
Oh! sus senos,… exquisito secreto,
Tú…, amor en lecho de espuma.


Aún navegas por mi mente
hermosa Amada, un recuerdo
que se funde en un solo cuerpo.
… amor,… dulce frenesí,
…gracia ti, nací en mundo dorado
al verte y conocerte,
al quererte y desearte
… me he enamorado.


…no le envidio por su poder,
ni por poseer tan bella riqueza,
pues sólo detenta su cabeza…
y yo, en sí, vivo en su corazón.