jueves, 26 de febrero de 2015

¡Ay!




¡Ay!, de mí.

Hoy, veintiséis de febrero,

restan justos recuerdos;

indelebles huellas en sí.




Sé que alguien dijo

-nada importante hizo-,

oí también al que insinuó

que siempre estaba igual

e incluso hubiose morral

que a sus espaldas parió

inquina y bilis inmoral.



Mas yo, desde aquel viejo

vano del colegio el Cristo

sentí su amparo destrejo.

Sí, desde acullá vida mía

me sedujo con las ascuas,

con el crepitar imprevisto

de su inagotable fragua;



o con el pesado yunque,

al restallar el rojo fierro

con su maña personal,

con su gracia musical;



o en ese lóbrego rincón

lleno de tules de hollín,

donde me cegaba el vasallo

rayo de su pulso artesano,

donde la luz de su suelda

espejaba su gran corazón;



o con la caña o la caza,

con su Chuli, su Mora,…,

con esos gestos preciosos

de valorar el gran tesoro

de la compañía, del amor

al amparar a todas horas

un sinnúmero de razas.



Recuerdo como su mano

denodada entresacaba

su uva de la pámpana

y sin miaja de ayuda

vendimiaba la montúa.



Aludo sus vacuos inviernos,

… solo, él, acuciando el fuego

para derretir el duro helor

que castigaba su cuerpo,

entretanto una a una

juntaba el verde olivo

que vareaba al suelo.



Profiero muy sincero

su increíble maestría,

ser un matador de res,

desollador de cueros,

sacador de las carnes…



Aún más admirable

es la expedita saeta

que disparó discreta

a todos sus amigos,

un sedal irrompible

al que precisó abrigo;

o la eslinga de acero

para el pesado pecho

de sus consanguíneos.

Por igual se consagró,

sintiose sus apremios

y se deshizo por ellos.



Fui con él al cementerio,

y obedeciendo el silencio

con un paso más que lento

para no violar otros sueños,

le tumbé allí, con su boina,

para que no devele a Petra.

Mis más intensos recuerdos,

una sola reminiscencia

y hontanar de lágrimas

resurge de forma natural

de insondables secretos,

herida que escarpia piel

y que jamás cicatriza.



Corona de claveles blancos

para un reinado inmarcesible.

Un blasón que se languidece,

que marchita a los pocos días

en la puerta de lo inconcebible;

sin origen…, sin destino…; la Vida.



Dudo de esta tenue brevedad;

qué nos ofrece: dolor…, alegría….

Alabo la virtud de la senectud,

loo su maltrecha mengua de razón

que arraiga tan sólo las reliquias

indelebles que residen en el corazón.



… que descansen en paz …

sábado, 14 de febrero de 2015

Corazón



… por qué sufrir este destierro.
Se deslíe todo carmín en calima,
en ópalos fríos de desesperanza.
Un baldío infecundo, un desierto
que marchita abandonado lirio.

Sin don, sin alas, en pena eterna
se querella en su lóbrega sima.
Rehúsa del vacío que ahora le ahoga
… pregunta, inquiere, ¿qué más queda?,
… ya casi no sueña y apenas descuella,
late entristecido, dolorido por ella.


A veces se pide perdón a sí mismo,
otras se alza de súbito por la estrella
fugaz que tiñe de escarlata su desánimo.


…¿estará pensando en mí?
cierra su latir, se mira en sí
y ve sus bellos ojos castaños.
Inmerso bajo su propio techo,
naufrago en cristal, en pecho,
abarloa una caricia de ensueño
que cala hasta el tuétano del hueso,
… su sedosa mejilla, su fino cuello
su piececillos, jugar con su cabello
Oh! sus senos,… exquisito secreto,
Tú…, amor en lecho de espuma.


Aún navegas por mi mente
hermosa Amada, un recuerdo
que se funde en un solo cuerpo.
… amor,… dulce frenesí,
…gracia ti, nací en mundo dorado
al verte y conocerte,
al quererte y desearte
… me he enamorado.


…no le envidio por su poder,
ni por poseer tan bella riqueza,
pues sólo detenta su cabeza…
y yo, en sí, vivo en su corazón.

Guadiana




Quizás no se encuentre otro emplazamiento

donde se haya de poner tanto miramiento

en el aprovechamiento de la electricidad.

Mas no es por el dispendio de la energía

Sino es, en este caso, por la templada linfa

que bate la gleba de nuestras praderías,

por ese plasma que irriga mis tejidos….


Es inherente deber a mi natal dama,

al espíritu manso de mi Guadiana.

El hombre posee una clara responsabilidad

-administrar cada una de sus dones con equidad-.

martes, 6 de enero de 2015

Cuéntame cómo fue tu Navidad


     Cuéntame cómo fue tu Navidad, dime con prolijidad cómo han pasado tus días, pues no hay mejor regalo que me puedas hacer; complacer mi ánimo. Dime Amor, ¡Amor mío!, si has logrado renovar todo a tu alrededor, si tu vasta alma atavió la mesa con mantelería de paz y si tus manos y tu voluntad, tan finas y tiernas, mimaron la reunión hasta en el más confuso detalle. Sé que sin reparo alguno y sin obviar nada, has vaciado a tu alrededor todo el blancor que ostentas, ese que aprehendió para siempre mi pequeño espíritu.

     Mas, Amor, ¡Amor mío!, padezco insufrible vacío que no logro comprender, pues en todo momento este estúpido corazón mío me alcanza tu rostro, tus labios y tus ojos y, sin pizca de resentimiento, me postro a tan maravilloso secreto. Lindísima intimidad, bellísima mujer que me ahonda en amar, que me ahoga en desear. Mas, paulatinamente advierto que la falta esperanzas crea un vacío que me envenena e incluso, este tonto orgullo mío, me da tercas locuras que aún son peores.

     Así es, un fulgor puro y fugitivo aclara esta hechicera forma de enamorar que me enseñaste, un brillo –frívolo– o cálido que me mantiene vivo… sintiéndome solo, sólo tuyo.

     ¡¡¡Te Quiero, mi Vida!!!.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Se consumió la tarde en candente monocromía


     Se consumió la tarde en candente monocromía. Lentamente se interrumpió la luz del día y el cielo se atribuló con un vasto manto de terciopelo negro. Tan sólo quedaban las pelegrinas luces de los faroles, el resollar de las chimeneas, los hálitos de vida de las cocinas y una flaca y sonriente esquirla de Luna creciente. Aun así, caminé sin amparo, como alma noctívaga, sobrellevando la hiriente escisión de la helada. Entretanto admiraba los livianos girones de unos cirros que delineaban el firmamento y el titilar de los incontables luceros que dispersaba la Luna.


     A pesar de la lastimera brisa, es una postal insuperable. Esa hondura de deliquio perfilada con gasas de hilas y cuajadas de temblorosas luces, o la fascinante oscuridad que sobre el remonte del horizonte es tragaluces que consume todo orvallo de luz.

     Quién es el autor, acaso un Ángel que derramó en el cielo el tintero de la creación o un simple artesano que en confidencia amo hasta la desesperación y que ahora, con sus manos, enreda entre sus íntimos secretos, concibiendo locura o ventura para la vida, con alma de hada, más que amada. Así, Supremos Hacedor, con las palmas de mis manos y con las yemas de mis dedos trazo tez rosa más hermosa que el rosicler de tu aurora.

martes, 11 de noviembre de 2014

Estate así


     Estate así, tranquila, para que me abrace a tu fina silueta. Cierra tu almibarada mirada y despiértate hacia dentro. Nace ya entre nuestros sueños, entre nuestros susurros de amor y ahoga la intensa pira que acuciaste durante la jornada.

     Deja que mi pecho roce levemente la sedosa piel de tu espalda, permíteme que te rodee con los brazos, asiente que mis manos, como si fuesen de viento, acaricien suavemente tu cuerpo y que las leves yemas de mis dedos, como si palpasen fantasía que se puede dañar, jueguen saltarinas sobre los hechiceros y secretos pétalos de tu cuerpo.

     Son cálidos mis labio, mas aun así, sienten llama cuando liban tu tez y derrotados se derriten como si fuesen de hielo al tocar el fuego. Cómo, mi Amor, echo de menos tu bondad expresada en cartas secretas, cómo deseo alocarme con tus senos, con tus labios, cómo anhelo ser ninfa que revolotea la pureza blanca que atesora mi Niña.

     Me encerraría sin voz…, sin palabras…, tan sólo mis sentidos, mis recuerdos, mis ojos y mis cosquillosos dedos en la gran alma que oculta mi Amada…

sábado, 8 de noviembre de 2014

De manera casual e inocente




De manera casual e inocente,

nos fuimos enlazando lentamente.

Miré tus ojos y me respondiste

como si el medio no existiese,

como si en el tiempo hubiese

demora. Así, diáfanos en el patio,

ocultos en las alas de ese espacio,

entre el solaz de tus serafines,

el amor aunó ambos corazones.

Fue un desatino del destino,

un sueño en vida cumplido,

una álgida lasca de otoño,

entre arándanos del camino

que siguen pintos a hogaño.

Huertos en nuestros pechos:

delirios ahí, siempre en ti

y acá una sola Amapola, Sí.

A veces tonta mirada apenada

se ahonda tras mis ventanas,

se traspapela por mi alma,

en los hechizos de antaño,

en los hipnóticos barruecos,

donde monedita de deseo

se consumó en dulce beso.

Otras, en lozana ribera del Salor

o por las sendas de la Sierrilla,

…sé que así se rompe mi cristalino,

que se desborda mi entraña,

son líneas continuas y finas

que orillan por mi mejilla;

afluentes hialinos de dolor

que se malogran en vida

por padecer mal de amor.