viernes, 5 de abril de 2013

Fiesta


     Voy a desviar mis pupilas un poquito y las voy a clavar en la pantalla. Hurgaré con tesón los sentimientos de mi pecho y antes de mecanografiar mis pensamientos, los releeré con ahínco hasta que clareen como día despejado en mi sien. No quiero depositar sobre el papel trenzas pesadas que raspen como cabos de esparto, aunque parezca flemático deseo anotar sedosos lazos, suaves frases que, tan sólo con un poco de atención, se desaten fantasmagóricas y calen por tus ojos, llenando tu pecho y secuestrando tu corazón. 

     Así, si roturo mi sien con profundas vertederas, si la siembro de alegres pepitas y la estercolo con risas, fiestas y alguna que otra broma, cuando el texto agarre en esta pantalla y, de esta forma, eche raíces en tu ordenador, crecerá alegre con los rayos del Sol y la lluvia de tus ojos y el relente de tu aliento. 

     Son estos sinceros sentimientos, idénticos a esa ternura tuya de canto de pájaros que hoy en mí revolotean, los que detonan espectaculares y se abren en nupcias irrompibles canalizando savia elaborada y pletórica de amor en ambos sentidos. Inevitablemente se despliegan en nuestros pechos y asperjen la miel de mi Amapola o el néctar de tu lirio, el trino casi líquido de los latidos, la melodía de dos cuerpos de porte humilde y melenas aciculares. 

Un aguijón perfecto que no se clava, sino con deseo me pincho, con veneno adictivo e inolvidable, la asombrosa celda de la que jamás huiré. Mi Maestra seré tu párvulo bibliopirata que apilará en los infinitos estantes de tu pecho los versos que esponjan de mi corazón sincero tesoro y a cambio arrebataré de tus entrañas el más mínimo, íntimo y bello indicio que ansía cala en los sentimientos de este, siempre tuyo, lirio. 

     Mi Amor, cierra los ojos y, aunque ahora no esté a tu lado, siente mi intenso beso con labios entreabiertos e incoloros. Búscame en el aire pues ahí a tu lado siempre estoy.

jueves, 4 de abril de 2013

Una noche primaveral


     Crees que después de un día agotador, de marchar ajetreados cada uno por su lado, o de transcurrir una o varias jornada sin poderte halagar tal como mereces, mas nunca distraído, sería capaz de llegar a casa y sin más acurrucarme entre tus brazos, sosegarme bajo el enjambre de tus dedos, mi dulce Colmenero; y así, regocijado, caer dormido. 

     Pretendes que si así acontece y llega la noche, sólo me oville en tu cuerpo como capullo de seda tras concluir la faena, habiendo sido durante toda ella alevilla frenética que en silencio revolotea a tu alrededor; o que ya sin uñas, al superar los enormes lapsos de tiempo en los que termino estupefacto, febril e ido sorbiendo hasta el más exiguo reflejo que se sucede por los espejos de mi sien me orille como cuero seco sobre tu hidratada piel. 

     Mi Niña, tengo miedo de que mi voluntad se acobarde y mi corazón se desenfrene hasta el punto de que tengas que taponar mi boca, pegar mis párpados e incluso atar mis manos para dejarte dormir. Deseo darte toda una estación de primavera durante una noche, con masías pequeñitas, árboles exuberantes y arroyos cristalinos que surgen al nombrarlos diáfanos en nuestras sienes. 

     Sabes que entre las nubes de mi cabeza, en este edénico jardín por donde revolotean mis pájaros y en el cual sólo enraíza mi hermosa Amapola. Por ti, por ella, por esa poderosa flor abro y echo a volar mis ojos, los hinco, fijos, húmedos y vidriosos, pétreos y castaños luceros que se cubren de musgo; mitad en sombra y mitad paloma que día tras día va al encuentro de su alba. 

     Te escucho cuando escribo, siento como se desliza la Mar bajo las yemas de mis dedos, percibo como bañas mis nocturnos ojos, como empapas mis párpados y mis pestañas. Los refriego con mis dedos para contener la miel que ahíta las celdas de mi alma, olas dulces del pecho Colmenero, un enjambre de amor rompe, ahoga y mantiene rojo, terso e intenso como manzana a mi corazón. 

QUE GANAS DE SENTIR MI FLOR 
AL BORDE DEL OÍDO

miércoles, 3 de abril de 2013

Creo que he roto las patas de la cama




     Creo que he roto las patas de la cama, ya no se mueve, ni se asusta, ni sale huyendo cansada de mí…. Quizás he desbarajustado mi sueño, pues tanto madrugar para divagar entre los entresijos de mi anchurosa silla (amar sencillamente) que ya no sé donde sueño más, si en la cama o en este lugar vacío. En realidad, mi Amor, soy muy feliz así, pues dormido me siento inútil, al no ser capaz de manejar las imágenes que suceden al libre albedrío y, en cambio, cuando madrugo y, redundando, en este espacio vacío me crezco con total valentía y pensando sólo en ti lo bruño todo, hasta tenso y alcanzo lo imposible, como Casiopea. Sí, Vida mía, contigo a solas, mi vasta Luz en plena noche.

Tal es mi vagar, idéntico al del cielo de la noche que concentra toda su admiración en la mágica Luna, pues allá detenida y adherida al abismo, se aventura apaciblemente sobre las entrañas de la Tierra. Así, tímida, se tiende sobre su faz y perfila suaves sombras. 

Así, día sí y otro también, una veces más y otras miaja menos, nunca desiste de asistir a su seno terrenal y sobre todo, ella en plena luz, nunca está ausente del cielo y siempre sola riela intensa por las charcas, pensando que acá en la Tierra, en sus noches o a plena luz del día, existe un Astro (sólo mío) tan intenso que por donde brioso amanece luce más que cualquier otro cuerpo celeste, obnubila más que el Sol y, por supuesto, ya sea el haz de la Luna fino, como pluma de poeta, o desorbitado como hechizo para enamorado, se queda siempre por deatrás en intensidad, envidiando por cuanto fulge y amando, amando tanto, a ese garbo solaricio o selenítico que jornada tras jornada inunda a sus niños, a sus amigos, a su hogar y… perturba totalmente mi sueño.

martes, 2 de abril de 2013

Con sus ojos


     Con sus ojos, un sinfín de seducción, un rayo de diligente corriente que erige mi escombrado deseo. ¡Ooooh!, este amanecer las ruinas de mi cuerpo, después de estos días de asueto, de nuevos se alzan al vuelo. 
     Mi singular destello que surge y cruza resuelta la avenida, que detona mi sien y mi pecho, que trastoca mis manos y debilita mis pies, que estremece mi piel y estimula mis poros, que instiga mis latidos y sofoca mi sed. 

     Mujer, me haces más que feliz, tramas perfectamente mi alma, la tejes y destejes a tu antojo, la mariposeas con cariño, la bramas como caracola e incluso la jadeas perfecta en la cama, como gacela canela. Así, amándome a besos, amándome en versos, en innumerable correos y desamándome, volviéndome loco los fines de semana y los días de fiesta. 
     Mi bellísima Mujer, mi irisente Cielo, necesito acariciar tu terso viento, no sólo dejar que vuelen en ti mis hojas, si no deseo más, ir al margen de tu boca inhalar las nubes de tu vida, lamer la pompa abisal de tus ojos castaños, libar la arena blanca de tu hidratada piel, quebrar tu cintura y arañar la playa de tu espalda. Amar, amar, amar hasta que sin poder más nos rompamos en ciego crujido de pasión, abatidos como pájaros entre sábanas, idos como pétalos en el aire transparente… invisible pero inverosímil cariño, una sensación mágica: sentir que me amas con sutil gracia… 
     ¡Oh! mi única Flor, deshago mis enteras en dulce polen que corre e inunda mis venas y que gotea por mis yemas, lentamente como relente diario, alegre y inagotable por mi Niña.

Mis largos brazos


     Desde anoche, que al pasar por vuestro hogar alargué mis brazos para abrazaros, encuentro hermosa la noche. Cuando tú, mi amor, proteges mis sueños, mi corazón permanece en calma anclado en su refugio, pero si no estás, qué frío está mi cuerpo sin tu cuerpo. Necesito tenerte en mis brazos pequeños aunque no me cabes de lo grande que tienes tu inmenso corazón. Entonces, centellea mi alma y trepan los temblores a la cruz de mis cejas. 

     Toma, mi lirio, mis brazos fieles, mis manos ávidas. He aquí mi sed que aúlla sobre mi voz doblándome en un nudo de anhelos infinitos. Haz que caiga en tus brazos, trampas divinas, permitidas…No me dejes ir, aunque te lo pida. 
     Soy la misma que hace años trajiste a tu lado. 
     Esta noche, mi niño, seré tu fiel guardiana y como tantas noches tú hiciste conmigo, me aferraré a tu espalda para proteger tus sueños.

lunes, 1 de abril de 2013

Mis largos brazos


     Desde anoche, que al pasar por vuestro hogar alargué mis brazos para abrazaros, encuentro hermosa la noche. Cuando tú, mi amor, proteges mis sueños, mi corazón permanece en calma anclado en su refugio, pero si no estás, qué frío está mi cuerpo sin tu cuerpo. Necesito tenerte en mis brazos pequeños aunque no me cabes de lo grande que tienes tu inmenso corazón. Entonces, centellea mi alma y trepan los temblores a la cruz de mis cejas. 

     Toma, mi lirio, mis brazos fieles, mis manos ávidas. He aquí mi sed que aúlla sobre mi voz doblándome en un nudo de anhelos infinitos. Haz que caiga en tus brazos, trampas divinas, permitidas…No me dejes ir, aunque te lo pida. 

     Soy la misma que hace años trajiste a tu lado. 

     Esta noche, mi niño, seré tu fiel guardiana y como tantas noches tú hiciste conmigo, me aferraré a tu espalda para proteger tus sueños.

Golpe de gracia y salta el teléfono


     ¿Qué tal está tu resfriado?, ¿has dormido bien en el pueblo?, hay mucha humedad, ¿verdad?, y debe hacer un frío atroz. En fin, yo, aun haga frío, he pasado calor, ya sabes, tal como te he dicho en innumerables de ocasiones, Tú me haces ver dentro de mí con tal claridad que hasta me aportas calor. Es por tu amor que se multiplica intenso a cada hora, aun exista este vacío físico forzosos. 
     Ahora, mi Amor, reclamo a mi Sol, quiero un indicio preciso, fulminante, un golpe de gracia que con precisión parta en dos el muro que nos separa. Abre de nuevo nuestro jardín particular y entra en este lugar donde dos enamorados siembran poesía, donde obran con tal destreza las enrevesadas ramas de las letras que, como jardineros del corazón, recrean literalmente el arte de la floración. 

     Tú, mi Niña, y yo juntos, a la sombra de nuestro árbol particular, copiando en sus inagotables hojas con la brisa de libres besos la eternidad. Deja, Amapola mía, que tu amiga, ciega en otras mejillas, estalle sus yemas con el primor tan alto, tan terso y perfecto, que da tu bellísima faz.