Vestida de amor salió a la calle. Cabizbaja, sin saber a dónde ir, susurrando cariño al bebe que llevaba en los brazos y a la pequeña que iba asida a su falda. No tenían nada, tan sólo unas cartas inolvidables en el bolsillo, unos recuerdos de papa y, a duras penas, algo de ilusión; la codicia de una “raza superior” les había arrebatado todo. Aun así, su débil latido rasgaba el frío, su serenidad adormecía al bebe y reconfortaba a la pequeña. Cuánto amor se silenciaba tras esa estrella de seis puntas que presagiaba su destino.

No hay comentarios:
Publicar un comentario