lunes, 17 de septiembre de 2012

La vuelta al colegio


    Ya tiene todo listo para mañana. Cruzando sus insomnes manos ha hurgado con minuciosidad en cada escondrijo de la cartera y los ha bordado con tela de plata; ha de adherir cada presa de la lección desgranada en el aula. Ahora, más sereno que el primer día, despejado de ideas y con los favores de dos ojos avizores, levanta sus parpados y se inmiscuye resplandeciente y alegre en llenar la mochila, en disponer el clasificador, en adornar el horario y en trenzar su nombre en la cubierta de cada materia, de cada cuaderno, del compás y quizás en algún antojo que yo no haya advertido.

   Decora los horarios de colores violáceos, letras informales y los días de la semana con tenues sombras, los pega tras la cubierta trasera de cada asignatura y en el último apartado del transparente clasificador. Duda de manera absurda si ha de comprar una agenda e incluso, prendido aún en los recuerdos, impetra por ese diario que tantas veces clarificó sus quehaceres, un cuadernillo del curso 2012-2013 del Dulce Chacón. Además reserva en el clasificador un lugar para él, junto al horario, en la última sección.

   En él aún se subleva el nerviosismo, se siente vulnerable y teme que en su pequeño y gran corazón surja un volcán de dudas y perdido se acobarde. Se esfuerza en contemplar cada dibujo de los libros, cada frase la hace propia, la piensa, la siente y la cultiva como hierba enraizada a su cabeza. Es sumamente bello ver que esta necesidad de estudiar no se pierde, es tradición imperecedera que persiste en los tiempos modernos, la necesidad imperiosa de abrir la sien a los momentos más significativos de nuestra historia, al lenguaje de la naturaleza, de los animales, de los árboles y las plantas y al secreto indescifrable de los guarismos.


   Mi Amapola soy esclavo de tanto amor, de jardín con una única gala encarnada, del hermoso Sueño que vulnera el silencio de mis ojos, es tu mirada la que rutila tras mis pupilas. ¡Dios! una estampida de deseos expresivos se acelera sicalíptica y ponen de manifiesto que tu amor colapsa el acantilado de mi corazón.




No hay comentarios:

Publicar un comentario