Toc, toc…, estás ahí,
llamaré otra vez ahora un poquito más fuerte, sólo un poco, no quiero molestar.
Esta prosa no debe quedar relegada al olvido, debe llegar lejos, ahí, a ti, y
no espero nada más tan sólo que la guardes, que la acalles dentro de ti, que la
confines en tu razón y que la sofoques, como tú muy bien sabes hacer.
De mí sacaré la vocecilla
muda que es potente grito para ti y de ti cogeré todo el cosquilleo de tus sentidos,
que vibra en mí como la membrana de un altavoz; todo el brutal latido de tus
labios, que reverbera como piel de tambor por mi cuerpo; y todo el estallido de
tus luceros, que exprime mi pecho hasta reventar de infarto…
Estate tranquila Amor mío
pues tendré infinita paciencia, permaneceré claro, desnudando sinceridad,
despojando toda mi cortesía, arrancando trozos de amor para enviártelos a
diario. Eso sí, ganas, locas ganas de verte, de oírte o de leerte; aunque sólo
sean esas líneas que apaciguan mi anhelo, que descorren tu amor y que describen
cuanto me quieres…
Bueno, aguardaré cómodo
sintiendo tu piel tibia que roza levemente la mía. Conduciré frenéticamente mi
único sueño, lo acarrearé hasta tu boca para que sea tragado, a tus manos para
que sean esposadas y a tu pecho para que sea desbordado dentro de tu alma. Mi
amor si escindieran mi esternón como el tuyo, se asombrarían al ver cuan grande
es mi amor por ti.

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