Acabo de entregar una prueba escrita, todos mis alumnos hacen comentarios, alguna que otra risa y, por supuesto, varias bromas perspicaces que rompen el silencio y debo sofocar rápidamente con siseos para conseguir la calma.
Son temas legislativos de electricidad, que para mí carecen de cuerpo y para nada poseen alma, mas existen. Los desparramo como naipes sobre los pupitres y todos conformes, inmersos en estos textos que son indispensables para su fin laboral.
Así es mi Amor, esas palabras reglamentarias no me abrazan, normalmente me hastían, pero las he de leer y releer a pesar de que de ellas no exprimo gota alguna de médula que globule mi ser, son documentos albinos entre los que, sin más remedio, me tengo que moverme.
Yo sólo aspiro que tú me leas apasionada, a que tus ojos crepiten ante mi voz manuscrita, a mantener tu piel henchida con mis golosas cartas … Sí, gestos escritos que sean capaces de fundir en lágrimas tus vidrios castaños, matarte de pasión; mi Niña, Amor mío, ¡déjate morir con la conjugación de mi corazón!.
No es bella esta aspiración de ocluirme en la sinceridad de Tus Palabras, bien sea volando entre composiciones febriles, perfectamente vocalizadas, bien tendiéndome sobre hojas calenturientas, con impecable serigrafía, o bien solidificándome frente a sutil Ola de lindos haces. Junto a delicada Amapola de pétalos preciosos, bajo el devenir de la bruma de Castaños Lagos de ensueños; te sé, Vida mía, y así mi alma se ceniza en dicha volcánica al saber que, un pecho dulce de Mujer, late en pleamar por mí.
Avanza impasible el día y mi marea de pensamientos no calma el deseo de bañarme en tu oleaje. Además, mi pequeño Musgo de ojos verdes se quedó en casa y mi codicia de saber de ti y de él hacen que la jornada sea flemática. Un pantano de necesidades hunde mi quietud, el celaje azul me ciega y mis labios se agrietan, se colmó mi paciencia y a través de mis ojos ausentes surgen alaridos que vienen del corazón. Os preciso tanto que este ardor que derrite mis adentros, que llevo consigo, sólo se apacigua con vuestros profundos océanos.

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