viernes, 3 de agosto de 2012

Perenne vibración


     Amor Mío, conservo el alma rebosante con el recuerdo de estar juntos y hacer posible que se rompieran los mil nudos con que ata la ciudad nuestra vida; lejos de vanos ruidos. Fuimos a un lugar precioso donde crece la hierba, hay árboles, música natural… La luna desplegaba su nacarado holán y los astros nos miraban. Nuestras sombras callaban ebrias del perfume embriagante con que nos envolvía el campo. Con los ojos abiertos vivía, mi dulce abeja, un sueño claro y fascinante. En él no había diferencia entre ahora o entonces, y el pasado y el futuro estaban sostenidos en la misma matriz que el momento presente. Es el misterio de la noche en donde la realidad puede ser creada y surge inefable el cántico del beso y del suspiro. 

     Me gusta caracola cuando te inclinas para entregarme, suspendida en tu boca, una cereza, un pipo… Te posas sobre mi boca y te llevas mi beso. Es una forma dulcísima de decir Te Amo que se queda sonando en mí como perenne vibración. 

     Creo, mi vida, que con nuestro espíritu ardiente, el azul del cielo y los rayos de luna, conseguimos en tus ojos más destellos que en todo aquel espacio. Yo quería verter el cielo en ellos y decirle a tus pupilas Verted en mi el amor. 

¿Crees acaso que podemos tener necesidad de otra cosa en el mundo? 

Hasta pronto Caracola. 

Qué desagarro cuando sé que me separo de ti, mi amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario