miércoles, 27 de junio de 2012

A veces


     A veces, ante los amigos, me siento caricatura 
hendida por nostalgias absurdas, presiento que mis remos se desarticulan y se caen sin valor; sé que es una percepción sumamente tonta que no tiene fundamento alguno, son las jugarretas que me provoca mi humildad. 

     Sin ir más lejos, hoy me disgustaba inútilmente, el caso es que ayer, como sabes, me atreví a pedí un favor a Sheila, ella encantada se hizo cargo de mi Niño y así, sus hijos y nuestro niño jugaron y se bañaron hasta la hora de ir al cumpleaños de Serafín. Pero lo que más me pesa es que hoy vuelvo a mendigar entre los padres, otra vez…, ya que mi Niño mañana tiene que ir a por las calificaciones y debe llevar los DVDs; este auxilio ajeno me cuesta enorme trabajo. No puede repetir en casa de Sheila y no me
atrevo a pedírselo a Raquel, la hermana de Eva.

    Fui a casas de Loly, pero Ana tiene mañana una analítica para ver cómo evoluciona el tratamiento contra la batería helicobacter; pregunté por Manoli, pero están en Galicia… así que puse mi atención en Raquel, Eva, o Carmen, Esther.

     Antes de llegar me mordía sin parar el labio, sabes que no me gusta molestar, y pensaba una y otra vez en por qué no me llevaba a mi Niño a Almendralejo. Supongo que no te gustaría, incluso me regañarías con razón. Así que me curtí de valor y llamé a la puerta de Eva.

     Perfecto, ni siquiera se lo expuse y se brindó feliz, pintada de sonrisa. Que desahogo y que absurda angustia me cohíbe a veces. Como tú, Mujer mía, dices: nos han abierto su mesa.

En definitiva he de decirlo, si no fuese por ti, 
mi Amor, por tu enorme corazón que me acoge a diario, por esa luminosa sonrisa hacia la cual voy siempre, despierto o desvelado e incluso en mis días difíciles. O si no fuese por ese tejido de amigos que nos envuelve y nos aísla del resquemor…. Yacería cabizbajo como avestruz, hundido dos metros bajo la tierra.

    Así que fundamentalmente por ti, Amapola, sí por ti: canto amor, me visto con atuendo de domingo, cruzo portal de arcoíris y me empapo cuantas veces haga falta. Sí, hasta fallecer exhausto, con meticulosidad, con los ojos opacos en nuestra intimidad, nublados por el cansancio, sin lengua física y entresacando las letras de mi cuerpo o mordiendo el fruto maduro de tu pecho.

No hay comentarios:

Publicar un comentario