La mañana ha sido formidable, “coser y cantar” con los alumnos y esperar que llegara mi Alba de la mañana, a recibir la dádiva de mi corazón. Al cruzarnos en el pasillo mi mirada se afiló, tu rostro alegre, tu voz -vamos por libros, José no sé si viene ahí- y después los nervios se crisparon, estaba sólo y para pasar inadvertido me retiré a la puerta y a paso de tortuga hice como si me alejara. El esplendor surgió y otra vez con mirada aguzada te acechaba, absorbía la belleza inviolable de mi hermosa mujer.
Si mi amor, al parecer una hornada seca rodeaba este mediodía la garganta de José, pero se apagó pronto al beber y no perdió hoja alguna. Hoy le he dejado en el conservatorio, así evitaba que se aburriera conmigo y a pesar del mal tiempo que hacía, a esos de las seis, ha ido solo hasta casa de Raquel. Sobre las diez de la noche le he recogido y me dice que ha cenado y que ha estudiado muchísimo Conocimiento, que se lo sabe muy bien. Mas que entrar en casa a la cama, dos besos y a dormir.
Y no me despido ahora, pues soy espectador alegre que inagotable piensa e interpreta durante la noche odas nuevas para ti.

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