Llega la hora de retirarse a la cama y de concluir la Semana Santa. Mas antes de dormir he de cubrir tus hombros con la bata, ponerte las zapatillas y llenar tu vaso de agua, así sustituiré tu cansancio por momentos amenos.
Yo también me he de retirar pero no sin sentir tu piel, la tenue caricia que me envuelve como cálida brisa y algo de sal de vasta Mar. Así, mi amor, empapas mi cuerpo de arena y enredas entre mis dedos tus cabellos como olas de espuma. Se abre el Sol tras el horizonte de tus párpados e iluminas mi voz sombría, he de llegar hasta el haz de relámpagos que es la alborada de mi vida.
Deshecho a través del espacio que nos separa, lento y con ojos insomnes chocaré, cuando yazcas en la cama, con mi Enamorada Pulpa Estremecida. En nuestra dimensión particular, donde la piel se nos agrieta madura al oír el rumor de las ramas nocturnas entrelazadas.
No distan nada nuestros corazones, ni un matiz de desamor cabe entre las mieles de los correos que me endulzan cada día. Sonarán siempre en mis manos y con coraje tomaré el texto y veré tus ojos: elucubras verdadero amor que llena el mudo vacío de mi pecho.
Ya ves, me ciego mirando tu luz, mirando lo mismo que tú ves; nada, absolutamente nada puede ocultar este amor de aurora boreal que zigzaguea entro los dos.
Buenas noches mi amor, tiembla con este beso que quiero y necesito dar, pues si no lo hago me asfixio, me ahogo con la palabra hecha gesto de:
TE QUIERO AMAR.

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