No puedo, sin plañir, mirar la Estrella que apagan, la Paloma que despluman y asiente de volar o la Ola que quiebran una y otra vez contra abruptos y escarpados acantilados. Seré, mi Amor, nimio modisto que enhebre palabras minuciosas en otoñales ojos, hilvanaré mi alma a tu pecho, ribeteando toda mi vida, aun lejana, al borde de tus pies, de tus manos, de tu vientre… alba cenefa alrededor de tu triste corazón.
No debo ser tosco y, aun me empeñe, sé que quedo muy lejos de ser lo mejor para ti, mas sé que con sencillez lograré aliviar los pesares que te hienden. A diario bramaré sonrisa serena y apacible que ensalce la marea sucumbida en la profunda mar de tu boca. Voces no de Eolo sino escrita que, como alfombra aterciopelada, laman la planta tus pies. Estrofas o simples párrafos que desahoguen los viejos dolores que asfixian tu mudo pecho.
Ser hilván de arrullo, escorrentía de agua cristalina, senda sin pena alguna. Ser, mi Amor, sólo para ti ancha cama de arena que aguarde en lo más hondo a tu alma Marina, ser caracola tuya, sólo caracola que cante tu voz dormida… ser plata blanca, escama relumbrante o, simplemente, el lirio más feliz y a la vez humilde que amaina deslumbrante en el coral de tu pecho.

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