domingo, 13 de junio de 2010

Comunión



Jardinero me siento,

al florecer sus sonrisa.

Polen entorno a mi cuerpo,

que fecunda mi dicha.

Primavera de mi espíritu,

inundado con una flor,

con tu luz y tu calor.



Como lluvia,

que trae una gema en cada gota.

Como flores,

que da color en cada pétalo.

Así siento sus humildades, sus alegrías,

cuando sales de sus labores,

y, con alegría, vuelve a mi lado.



Hablo y el corazón me sale en el aliento,

Si no hablara de lo que los amo me ahogaría.

Con amor y tinta perfumo tu aposento.

Tu eres alba y vida y yo medio día.



Su risa es agua,

que acaricia y canta.

Su alegría es aire,

que orea y remueve.

Su ternura es tierra,

que tapa, ocupa, alimenta y aferra.



Mi piel se eriza como las piedras de granito,

el corazón se queda desnudo entre ángeles.

Y como una visión real de lo inaudito,

me brotan, en mi humildad, bandadas de felicidades.



Su alegría me libera,

eleva mi alma.

Deshaces mi preocupación,

y abres mi corazón.

Tus sonrisas liberan el amor,

que con tierna ilusión,

me dan infinito calor.



Si yo viviera,

lo de una flor, con su intensidad,

el profundo perfume de tu corazón

sería aún mucho más.



Deseo que estas palabras

abandonadas y sin dueño,

vuelen sobre los ojos,

de alguien cuyo corazón abrirá.

Palabras que vivas quedarán.

Frases anhelante, humildes

de ojos que se cierra a lo lejos.



Ay, bonita vida intensa

de un día de flores sin igual

pasaste por mi alma

similar, similar, similar

a una flecha, perfumada

de hermosura y verdad.



Sus ojos se pierden en el infinito,

mis ojos, en paramos ausentes,

esperan eternamente y sin aliento

que los brillen, rutilen felices.



Ligeros, como plumas blancas,

sensibles a la voz del viento,

humildes ojos y paso lento.

Fe adorables, al cielo, las puertas.



En ellos encontrarás una belleza

pura y un placer desconocido…

Al unísono su corazón con el latido

del corazón de la Naturaleza.



Hay en el aire tanta inocencia que da calor,

estrellas que suspiran, ríen y nos dan amor.

Saciémonos de su paz, de blancas respuestas,

démosle gracias por brindarnos sus almas.



Hay en el aire tanta inocencia que da calor,

estrellas que suspiran, ríen y nos dan amor.

Saciémonos de su paz, de blancas respuestas,

démosle gracias por brindarnos sus almas.



Hay en el aire tanta inocencia que da calor,

estrellas que suspiran, ríen y nos dan amor.

Saciémonos de su paz, de blancas respuestas,

démosle gracias por brindarnos sus almas.



Padres con fortuna, 

cerca de sus miradas, 

como antes nunca, 

están llenos de vida. 

Reíros niños, 

que las estrellas os traigo, 

cuando sea preciso.

martes, 17 de marzo de 2009

Nuestra propia barca, en barcos nuevos seguirá



Gabriel Celaya



Educar es lo mismo

que poner motor a una barca

hay que medir, pesar, equilibrar...

... y poner todo en marcha.

Por eso,

uno tiene que llevar en el alma

un poco de marino...

un poco de pirata...

un poco de poeta...

y un kilo y medio de paciencia

concentrada


Por eso es consolador soñar

mientras uno trabaja,

que ese barco, ese niño

irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío

llevará nuestra carga de palabras

hacia puertos distantes,

hacia islas lejanas.





Soñar que cuando un día

esté durmiendo nuestra propia barca,

en barcos nuevos seguirá

nuestra bandera


enarbolará.




jueves, 11 de septiembre de 2008

Nacer



Enarbolose por acantilados

velados, yermos; … de nada.

Llanto que de bellasombras

nace, de una yema lozana

que el roce de la brisa se gana.



Despabila alba a la cálida luz

de la vida, tal la libre alondra

que revolotea por anchuras

de ecos, por dorados pradales

que se dilatan entre espigares

bajo el añil manto de Sol,

por la suelta vedeja de la mies

de Eolo, sus ondulados trigales.

y por el fragante tapiz de humus

que se rinde en dulce quietud

sobre la leve mejilla de mi Vida.


Imperceptible murmullo

el de su anhelante sonrisa,

que ahora colma mis días

y se ovilla tras mi rostro.

Tal almizcle bienoliente

que se desteje delirante

por tan inmaculada piel.

Y su mirada…, húmeda,

Verdemar; el ensueño

de la creación del amor.