jueves, 11 de septiembre de 2008

Nacer



Enarbolose por acantilados

velados, yermos; … de nada.

Llanto que de bellasombras

nace, de una yema lozana

que el roce de la brisa se gana.



Despabila alba a la cálida luz

de la vida, tal la libre alondra

que revolotea por anchuras

de ecos, por dorados pradales

que se dilatan entre espigares

bajo el añil manto de Sol,

por la suelta vedeja de la mies

de Eolo, sus ondulados trigales.

y por el fragante tapiz de humus

que se rinde en dulce quietud

sobre la leve mejilla de mi Vida.


Imperceptible murmullo

el de su anhelante sonrisa,

que ahora colma mis días

y se ovilla tras mi rostro.

Tal almizcle bienoliente

que se desteje delirante

por tan inmaculada piel.

Y su mirada…, húmeda,

Verdemar; el ensueño

de la creación del amor.







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