Enarbolose por acantilados
velados, yermos; … de nada.
Llanto que de bellasombras
nace, de una yema lozana
que el roce de la brisa se gana.
Despabila alba a la cálida luz
de la vida, tal la libre alondra
que revolotea por anchuras
de ecos, por dorados pradales
que se dilatan entre espigares
bajo el añil manto de Sol,
por la suelta vedeja de la mies
de Eolo, sus ondulados trigales.
y por el fragante tapiz de humus
que se rinde en dulce quietud
sobre la leve mejilla de mi Vida.
Imperceptible murmullo
el de su anhelante sonrisa,
que ahora colma mis días
y se ovilla tras mi rostro.
Tal almizcle bienoliente
que se desteje delirante
por tan inmaculada piel.
Y su mirada…, húmeda,
Verdemar; el ensueño
de la creación del amor.


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