sábado, 23 de enero de 2021

Enamorado

 


    Como ya habéis notado en esta lectura, mi corazón se ha enamorado de forma apasionada de una divina Virgen y, por tanto y sin más remedio, me es indispensable hacer un inciso para aclarar el porqué de tan arrebatador sentimiento. Debéis comprender, que sería de necios continuar si antes no pormenorizo sobre su lactescente piel y sobre sus suave y maravillosos pies de porcelana. Esta encomienda que ahora asumo, os puedo asegurar que, desde un principio, es faena imposible de completar, pues cada poro o cada ápice, aun sean singularmente pequeños, como sus meniques, o novedosamente llamativos como sus pulgares, son ideales fuentes de dulcísimos néctares; o el seductor alaveo de sus empeines o las exquisitas trazas de sus admirables plantas, conllevan la ardua labor de editar un vademécum en donde se puede consultar cada micra sus sobrehumanos pies. Emprendo esta compleja y envidiosa obligación por sus invalorables dedillos, opíparas golosinas tildadas con unas láminas vidriadas exquisitamente abrillantadas, tanto como los infinitos espejos que pulimentan las superficies de las aguas mansas. Así son, arrebatadores desde el delicioso menique hasta el enmelado pulgar, cuatro confitados dedillos y el pequeño levemente guardado para disfrutarlo después, tras ensalivar mi boca con su enmelado dedo anular. Son como caramelos de nata, dulzainas que nacen desde el escarchado azúcar cande y que inundan la piel de sus golosos pies.

    Cómo anhelo un paseo eterno por esa nívea dermis, … tan desconocida para mí. Caminaría despaciosamente, para extender el tiempo que me concediese de forma infinita, avanzaría tímidamente y su permiso, pero no apoyando mis pies, sino mi lengua, para libar con detenimiento cada uno de sus poros. Sí, con similar devoción a la de una hembra por su ángel recién parido. Aguardando a que, tras cada lamido, sonriese de amor. Está claro que, aunque su piel segregue salitre, esa argéntea planta, o su sutil empeine de porcelana o sus golosos caramelos de azúcar, me llevarán ensimismado a lo largo de la vida y al caer la infinita noche, cuando sobrepasaré la latitud de la realidad, soñando con ilusión su agradable sabor en mi boca, lengüeteando la pureza de sus pies.

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