Los juegos de la mente
resultan sorprendentes.
Recuerdo aquellas alucinantes
veladas como lejanos cuentos,
titilaban millares de brillantes,
horas mirando el firmamento.
El telescopio me hizo amante
de la honda oscuridad, del cielo,
a solas y sin dormir, con un viento
frío que urdía en mi conocimiento.
El vasto vacío y la eterna oscuridad
es el más claro y abierto argumento
para forzar la mente; la inmensidad,
qué somos en realidad….
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