sábado, 2 de enero de 2016

Se entreveran pasiones



Un eco sobrecogedor se confunde

con el rumor del viento, revolotea

entre el vaho, sobre las chimeneas,

y se alza a lamer la fúlgida Luna.

Es una copla jocosa que caracolea

entre la niebla, se mezcla, se aúna,

y se abre, como sopor milagroso,

humanizando esta lívida lacería

de la nostalgia para proclamar

indeciso roce; una gota de adamar.


El relente y la poesía se funden

en millares de chispas, azogando

ventanas, aceras, patios y azoteas,

sahumando y alhajando argénteos

tirabuzones de finísimos cabellos.

Se enhebra tu contorno laureado

con el bisbisear del aire, se hilan

sílabas que se tornan en sonrisas

y hasta las altas horas de la noche

se entreveran desvanecidas pasiones.


Siempre conservaré amable rituario

en mi memoria, el abismo vespertino

no malogrará mi espíritu solitario.

Aun mengüe clarear en la alameda

y se alce un solsticio crepuscular,

aun así, no se cegará mi vereda,

ni se eclipsará tu castaña pupila

y ni si quiera tu gran corazón

se me deslucirá, sólo me defiendo

con único deseo, amarte, amarte...

Aunque la cálida añoranza hiera

mi faz, tu riqueza, tan presentida,

la respeto honda, como talismán

de ámbar pulido, una hoja de Mar,

una Espejo sin orillas, tu Querer.

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