domingo, 3 de enero de 2016

Mi deambular




¿Qué ilegible verismo?

Por ensalmo, la aurora,

del que apenas me resta

una tenue reminiscencia,

una charca que decolora

con el vacilante acaecer,

una litografía molesta

ceñida a la conciencia

y, disuelto en la sangre,

la querencia de madre,

soterrado tras los ojos

ese abrazo entregado

e inagotable que de vez

en cuando se derrama

a modo de gota náyade

de la acogedora acequia

que entreveró en mi ser.


Hoy persevero en lo agotable,

voy en aquello que se consume

paso a paso; con honestidad.

Me doy al pequeño gorrión

de mis días, a una criatura

que labro como escultura,

hilvano las alas, su corazón,

fraguo hierro, su voluntad

y le migro mi etéreo placer

de soñar, de argüir lo real

con un vasto sentimiento….



Me rindo a andar a solas,

a transitar un firmamento

particular, donde Tú estás,

eterna estrella de Casiopea,

adonde las constelaciones

se alinean caprichosamente.

Son tus manos panaderas

las que perfeccionan la mente

del creador, sencillas tejedoras

que se abren como manantial

ahilando millones de luceros

para sus dos bellas mujeres;

Pétrea para los churumbeles

que marchitarán su angelical

voz y donde siempre brizará

entre su telaraña neuronal;

para el aventajado hombre

que se incautó de su copioso

tesoro, ahogando la lumbre

fragante que, como mecha

de dulce incienso, aureolaba

la franca lógica de mi poesía;

… aunque yo no satisfaga

la tímida fontana del vapor

que alzas a tu alrededor, seré

siempre tu inocente porqué,

un solo relámpago dispuesto

a sangrar un único cuerpo,

una tormenta de azahar

inextinguible que bañará

a la Celeste Estrella

de mi humilde vida.

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