martes, 14 de febrero de 2017

Feliz día



https://vimeo.com/204029889


    De nuestra caja de cristal recogí aquella imagen de espejo oculto. Con esta lámina, temblando, sentí el rocé sus labios y sin llegarlo del todo a comprender noté que estaba atrapado en su anhelado infinito; en su entraña.

     En apariencia un horizonte difuso, su mejilla; en revelación un océano abisal, sus ojos; en alienación un edén inabarcable, su boca; y en exterioridad una relación inimaginable, es gran corazón que logra ahogar a los mismísimos rayos del Sol y vivificar el abandonado errar de la desolada Luna.

     Esta vehemencia regresa una y otra vez, esta pasión alea al derredor de mi corazón, tal como en los espejos, y su amor, su enorme cariño, continúa devorando mi imaginación…, te Quiero!!!.

domingo, 29 de enero de 2017

Sueños de plenilunio




Las diez y media de una penumbra

que se guarnece gris y coruscante.

La claridad nacarada del plenilunio

se emploma en misteriosa bóveda,

el helor invernal y el inquietante

aullido del oreo agita las débiles

ramas de los añosos árboles,

de la abatida fronda del sauce

del soberbio y solemne ciprés,

del vanidoso ademán del olmo,

planta que se echa sobre manso

aguazal e imprudente se hunde

entre los espejos de esta vida

ambigua, sin olas, sin asperezas.



Me refugio tras los hialinos lazos

de ocaso, en las trampas del hielo,

como astuto raposo de alma de cera

que subyuga los latidos del corazón

a un solo desvelo; sueño tras sueño.

O como ese insignificante lucero,

aljófar de una vaga astronomía

que aviva su oscuro firmamento,

una cabecilla para su linda Luna;

a sus pies resurge cada noche.

Sí, me embruja toda noche opalina

que con celo perfila divinas formas

en la mar del olvido, todas orientan

mi destino a darte placer, me rinden

con ilusión a un camino. Una doctrina

pura, de abstracción y no de razón,

es el sino de un ensueño cautivo

de mal de amor por belleza canela.



Canto bajo la blanquecina noche

al crepuscular túnel de tus ojos,

canto estos secretos de amor afín

que rielan por una sola Amapolas.

Cegado por un Luna encarnado, rubí,

la que me deja tu herida, pendiente

de dulzura hasta el desengaño

en los confines de las sombras.

Cuando ceda mi último aliento,

cuando se cercenen las hebras

de tu lirio en nuevo amanecer,

dormiré en estimable bienestar

al espigar mis pétalos en tus labios,

al sembrar mis verso en tu vientre.



En el gélido orbe del plenilunio,

en la dulzura de su neutra luz,

ya sin pena, plañiré de alegría,

olas de lágrimas para la Mar,

irrompibles cadenas de poesía

y un sinfín de liras para amar

en la transparente eternidad.




     Entremezclado en este aire cuchillo que me lleva a temblar aparatosamente, me empeño en rozar las teclas del ordenador, … de acariciar tu mejilla. 

     En un tris escudriño nuestro desordenado nido, donde nace la laguna deslumbrante de aquella excursión, la que llega hasta el río Salor, hasta el valle del Jerte y, por un momento, disfruto de tu compañía. No, no se quiebra mi cariño, ni siquiera se doblega mi débil voluntad, pues mi alma se exalta tanto que percibo los pozos, de vidrio canela, de tus ojos clavados en mí, … en mis sueños, … en mis largas tardes, … en mis serenas noches.


    Uno caballos blancos, con herraduras de plata, sobre una capa que refleja hechizo de luna, trazos de tinta y manchas de cera derretida. He de llorar, aun sea el agua de un cielo emplomado. Es por este espíritu de dicha que anida, en silencio, la caricia de sus manos, el calor de su aliento, la suavidad de sus labios... y el esplendor de su gran corazón.

Entre las hojas de tus libros




     Hoy, si ha de llover, que sea con un sirimiri peculiar, que traslade en cada chispa hermoso recuerdos y que todas se detengan en tus labios sanando tal cual cicatriz. Las reconocerás, como si antes hubiesen rozado los secretos de tu boca, los secretos de tu cintura, de tu vientre y de tu frente.

     Siguen igual de suaves, flotando por el tiempo, sobre el aire, entre las nubes y entre las hojas de tus libros…, reconocerás que son las veredas de calor de otro hogar, senda que te acercarán a esta mención que atesoras en lo lindos corales de tu gran corazón.

     La suavidad de mis manos en las palabras me trae el roce de tu piel, son como las dos alas de un ruiseñor que jamás concluirá su viaje…, infatigable por tu amor.