Bebo la saliva de tus labios, la miel de tus hontanares. Locura que me lleva a libar con exasperación el sedoso estigma de mi flor. Pletórico, exprimo todo mi verso de amor y derrito hasta la última lágrima de tinta. Es manuscrito pulso en una botella que naufraga en piélagos de ensueño. Delicada palpitación de estambre que fecunda el inmarchitable pistilo de mi Amapola.
sábado, 25 de febrero de 2017
martes, 21 de febrero de 2017
domingo, 19 de febrero de 2017
martes, 14 de febrero de 2017
Feliz día
https://vimeo.com/204029889
De nuestra caja de cristal recogí aquella imagen de espejo oculto. Con esta lámina, temblando, sentí el rocé sus labios y sin llegarlo del todo a comprender noté que estaba atrapado en su anhelado infinito; en su entraña.
En apariencia un horizonte difuso, su mejilla; en revelación un océano abisal, sus ojos; en alienación un edén inabarcable, su boca; y en exterioridad una relación inimaginable, es gran corazón que logra ahogar a los mismísimos rayos del Sol y vivificar el abandonado errar de la desolada Luna.
Esta vehemencia regresa una y otra vez, esta pasión alea al derredor de mi corazón, tal como en los espejos, y su amor, su enorme cariño, continúa devorando mi imaginación…, te Quiero!!!.
martes, 7 de febrero de 2017
domingo, 29 de enero de 2017
Sueños de plenilunio
Las diez y media de una penumbra
que se guarnece gris y coruscante.
La claridad nacarada del plenilunio
se emploma en misteriosa bóveda,
el helor invernal y el inquietante
aullido del oreo agita las débiles
ramas de los añosos árboles,
de la abatida fronda del sauce
del soberbio y solemne ciprés,
del vanidoso ademán del olmo,
planta que se echa sobre manso
aguazal e imprudente se hunde
entre los espejos de esta vida
ambigua, sin olas, sin asperezas.
Me refugio tras los hialinos lazos
de ocaso, en las trampas del hielo,
como astuto raposo de alma de cera
que subyuga los latidos del corazón
a un solo desvelo; sueño tras sueño.
O como ese insignificante lucero,
aljófar de una vaga astronomía
que aviva su oscuro firmamento,
una cabecilla para su linda Luna;
a sus pies resurge cada noche.
Sí, me embruja toda noche opalina
que con celo perfila divinas formas
en la mar del olvido, todas orientan
mi destino a darte placer, me rinden
con ilusión a un camino. Una doctrina
pura, de abstracción y no de razón,
es el sino de un ensueño cautivo
de mal de amor por belleza canela.
Canto bajo la blanquecina noche
al crepuscular túnel de tus ojos,
canto estos secretos de amor afín
que rielan por una sola Amapolas.
Cegado por un Luna encarnado, rubí,
la que me deja tu herida, pendiente
de dulzura hasta el desengaño
en los confines de las sombras.
Cuando ceda mi último aliento,
cuando se cercenen las hebras
de tu lirio en nuevo amanecer,
dormiré en estimable bienestar
al espigar mis pétalos en tus labios,
al sembrar mis verso en tu vientre.
En el gélido orbe del plenilunio,
en la dulzura de su neutra luz,
ya sin pena, plañiré de alegría,
olas de lágrimas para la Mar,
irrompibles cadenas de poesía
y un sinfín de liras para amar
en la transparente eternidad.
Entremezclado en este aire cuchillo que me lleva a temblar aparatosamente, me empeño en rozar las teclas del ordenador, … de acariciar tu mejilla.
En un tris escudriño nuestro desordenado nido, donde nace la laguna deslumbrante de aquella excursión, la que llega hasta el río Salor, hasta el valle del Jerte y, por un momento, disfruto de tu compañía. No, no se quiebra mi cariño, ni siquiera se doblega mi débil voluntad, pues mi alma se exalta tanto que percibo los pozos, de vidrio canela, de tus ojos clavados en mí, … en mis sueños, … en mis largas tardes, … en mis serenas noches.
Uno caballos blancos, con herraduras de plata, sobre una capa que refleja hechizo de luna, trazos de tinta y manchas de cera derretida. He de llorar, aun sea el agua de un cielo emplomado. Es por este espíritu de dicha que anida, en silencio, la caricia de sus manos, el calor de su aliento, la suavidad de sus labios... y el esplendor de su gran corazón.
Entre las hojas de tus libros
Hoy, si ha de llover, que sea con un sirimiri peculiar, que traslade en cada chispa hermoso recuerdos y que todas se detengan en tus labios sanando tal cual cicatriz. Las reconocerás, como si antes hubiesen rozado los secretos de tu boca, los secretos de tu cintura, de tu vientre y de tu frente.
Siguen igual de suaves, flotando por el tiempo, sobre el aire, entre las nubes y entre las hojas de tus libros…, reconocerás que son las veredas de calor de otro hogar, senda que te acercarán a esta mención que atesoras en lo lindos corales de tu gran corazón.
La suavidad de mis manos en las palabras me trae el roce de tu piel, son como las dos alas de un ruiseñor que jamás concluirá su viaje…, infatigable por tu amor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



