domingo, 7 de mayo de 2017

Qué semana más grande



Qué semana más grande, fatigado

de quehacer y sin poder exteriorizar

este hialino canto de afecto dorado

que late en mí; aquí, muy adentro.


Es retintín inaudible. Como el trinar

de un humilde colibrí que enamorado

hilvana las finas briznas de su anidar.

Tenaz, enloquece en su juego de color

y, sin más, gravita su alma para dar

agua fría y cristalina y batir resoplos

en su único nido de amor, cortos besos

de un picaflor y el abanico de tornasol

de sus plumitas, un sueño de temblor

de alitas que pliega y tiende auroras.


Me desvelo leal frente a brillantes broches

que me adentran en los edenes de la noche.

Es tu piel de seda la que aviva mi aventura,

el leve roce de tus labios es toda mi locura

y, como la canícula, que recala con ardor

derritiendo hasta los huesos;… ese recuerdo

de Amor, de caricias limpias, de ternura.


Un pulso en mi sangre que, cuando sale el Sol,

se alza por mi corazón en un solo pensamiento.

Es la flor, el arroyo, el océano y el firmamento

de un soñador que, ansiando agradar, da ardor

sin más explicación…; es mi refugio, la morada

donde conservo el encanto de mi linda Mujer.



Aunque abra más ventanas de ilusión y querer,

en mi pecho se halla un solo inventario, entrever

sin temor a agotamiento tu maravillosa hermosura


durante toda mi humilde vida… Amor a mi Amada.

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