Qué semana más grande, fatigado
de quehacer y sin poder exteriorizar
este hialino canto de afecto dorado
que late en mí; aquí, muy adentro.
Es retintín inaudible. Como el trinar
de un humilde colibrí que enamorado
hilvana las finas briznas de su anidar.
Tenaz, enloquece en su juego de color
y, sin más, gravita su alma para dar
agua fría y cristalina y batir resoplos
en su único nido de amor, cortos besos
de un picaflor y el abanico de tornasol
de sus plumitas, un sueño de temblor
de alitas que pliega y tiende auroras.
Me desvelo leal frente a brillantes broches
que me adentran en los edenes de la noche.
Es tu piel de seda la que aviva mi aventura,
el leve roce de tus labios es toda mi locura
y, como la canícula, que recala con ardor
derritiendo hasta los huesos;… ese recuerdo
de Amor, de caricias limpias, de ternura.
Un pulso en mi sangre que, cuando sale el Sol,
se alza por mi corazón en un solo pensamiento.
Es la flor, el arroyo, el océano y el firmamento
de un soñador que, ansiando agradar, da ardor
sin más explicación…; es mi refugio, la morada
donde conservo el encanto de mi linda Mujer.
Aunque abra más ventanas de ilusión y querer,
en mi pecho se halla un solo inventario, entrever
sin temor a agotamiento tu maravillosa hermosura
durante toda mi humilde vida… Amor a mi Amada.

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