domingo, 1 de mayo de 2016

Feliz día de la Madre.



La mesa, hija, está puesta

en manso candor de nieve.

Entre tabiques de cerámica

que fulgen pureza, en celesta

de luz que plasma un relieve

de sal sobre una loza de mica

con oro de pan y suave trazo

de aceite virgen de las olivas

negras, sortijas de azabache.


Debajo del modelado dintel

del fogón, donde aún el caldo

rompe ensalivando el sentido

del paladar; delicioso salpicado

que aleja la tristeza con laurel.

Rica, rica, son las únicas hablas

que se rumorean tras el relamido

del cucharón. Un gesto risueño

al depositar en papel de estraza

el exquisito aderezo de melaza.

Madre lo agota de su corazón

y no es tarea si no es ensueño

de amor materializado en casa.


Surge de su íntimo corazón,

un delicioso aroma de grana,

de jara en flor, y día tras día

lo ofrenda con mimo al don

de su propio vientre. Artesana

del quehacer par su lar en vida,

de un orear puro para sus niñas.

Eterna terneza, la mansa caricia

de delicadas yemas, una bahía

que cubre el hogar con poesía:

al mullir el lecho y la almohada,

al atusar y refrescar las prendas

y al guisar viandas a un cielo

con el aderezo de su entraña.


Ternura en sus ojos
y ausencia de dolor.


Un sueño de libertad
en silencio, sin desgano…


Regresar al albor del tiempo
y eternizar los días de Amor.


Feliz día de la Madre.




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